Columna invitada

La cosecha de los odios

Columnas

Las escenas que testificamos del presunto atentado del sábado por la noche contra el presidente Donald Trump sólo dejan espacio para dos posibles conclusiones: o un extremista buscó la salida fácil para sacar al mandatario de la Casa Blanca o el mismo inquilino de la Oficina Oval o algunos de sus allegados operaron lo necesario para volver a tener un atentado sin consecuencias, para olvidar el estancamiento de las pláticas de paz con Irán, la crisis economía en la que está entrando la nación más poderosa del planeta y recuperar con el efecto “lástima” algo de lo mucho que el presidente Donald Trump ya perdió en imagen.

En el primer caso, el del extremista, estaríamos ante la cosecha de los odios sembrados por el trumpismo que tiene en su haber la mayor división social de que se tenga memoria desde la Guerra Civil norteamericana en 1861 o desde el desencuentro por los Derechos Civiles con la raza de color entre 1954 y 1968. Los ataques del ICE en numerosos estados con migrantes, que ya costaron vidas inocentes y que se desbordaron ya en las múltiples marchas del “No King”, son equiparables a los de aquellas luchas en los días de Martín Luther King.

Confrontado con Europa, con la OTAN, con México y Canadá, con China y con Rusia, el inquilino de la Casa Blanca ya sabe que su descuidada ofensiva con Irán tiene al mundo al vilo. Bajo esa tormenta de odios y confrontaciones, el clima es propicio para que un extremista busque acabar con el problema al que le endosa un nombre y un apellido: Donald Trump. La revelación de que el hombre que perpetró el atentado habría escrito un “manifiesto” en torno a los odios despertados por el inquilino de la Casa Blanca pretende justificar que se trató del atentado de un “hater”.



En el segundo escenario -el de un posible “atentado” ficticio- ese se alimenta de una sola pregunta que todavía hoy, 56 horas después del episodio, no tiene respuesta: ¿Cómo explicar que un hombre común y corriente como Cole Thomas Allen, de 31 años, burlara la seguridad del hotel y luego la vigilancia especial presidencial, en una cena de gala a la que asistían medio gabinete y más de 2 mil 500 ejecutivos y periodistas agrupados en la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca? ¿Cómo podría un hombre con armas y cuchillos -como se detalla en el primer parte de la investigación- burlar tan fácilmente el perímetro de seguridad de un evento plagado de celebridades, entre ellas el presidente de los Estados Unidos, la Primera Dama, Melania Trump, además del vicepresidente, J.D.Vance, el secretario de Estado, Marco Rubio, el secretario del Tesoro, Scott Bessent y el secretario de Guerra, Pete Hegseth?

No debemos dejar de reconocer que el presidente Donald Trump está hoy en su peor momento de popularidad, tanto nacional como internacional. Además de los enemigos naturales de Medio Oriente, sus conflictos con los demócratas pasaron a menos frente a las grandes heridas republicanas. Ya se cuentan una docena de poderosos desertores que antes eran incondicionales del mandatario norteamericano. Los jefes del Pentágono están al borde de la insurrección frente a los caprichos del Secretario de Guerra, Pete Hegseth. Las renuncias de sus allegadas y allegados en la Fiscalía, en Homeland Security y en  la Secretaría del Trabajo, tienen en permanente tensión al círculo íntimo de la Casa Blanca. Y el cálculo fallido de una guerra con Irán que prometían duraría sólo dos semanas y que ya cumplió dos meses colapsando los mercados energéticos, acabó por ser la cereza en el pastel. La carestía de las gasolinas y el diésel, sumados a una inflación de los alimentos, obligan a cuestionar a sus malquerientes si el “atentado” no es una “caja china” para distraer la atención sobre lo abundante malo, para transitar hacia un “apoyo lastimero” hacia el líder que se juega la vida frente a sus adversarios. Nada distinto a lo que  sucedió con el “atentado” que se dio en la campaña presidencial, el 13 de julio de 2024. A diferencia del intento de atentado del sábado, en Washington, en aquella ocasión el hombre que disparó y pegó en el lóbulo de su oreja al entonces candidato republicano fue abatido. “Muerto el perro, se acabó la rabia”.

Por supuesto que es muy temprano para concluir cuál de las dos hipótesis es la correcta. El tiempo y las investigaciones darán su veredicto. Por ahora, la opinión especializada se inclina por el atentado.



Por cierto, excelente y muy oportuna la reacción de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien envió a nombre de México su apoyo y empatía al presidente Donald Trump. Lo cortés no quita lo valiente, no violenta soberanía alguna. Ojalá que la inquilina de Palacio Nacional aprenda, en cabeza ajena, que la siembra de odios sólo cosecha tempestades

Ramón Alberto Garza

Ramón Alberto Garza García es un periodista mexicano, actual editorialista del sitio Código Magenta. Garza fundó el periódico Reporte Índigo, fungió como vicepresidente de Televisa y presidente de Editorial Televisa y director editorial de los diarios Reforma y El Universal.​

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