Una vez más, San Pedro Garza García, en Nuevo León, es el destino de una ejecución del crimen organizado. Y una vez más, los liderazgos de esa comunidad, presumiblemente la más educada, la de mayores ingresos en América Latina, guarda silencio, se paraliza.
Todos saben que el epicentro del conflicto está en la infiltrada policía municipal, comandada por su Secretario de Seguridad, José Luis David Kuri -que no es nuevoleonés, ni es sampetrino-, y quien ya acumula un largo expediente de incompetencias e incluso de complicidades. Pero el cuestionado jefe policiaco parece intocable desde que fue designado en ese cargo por Mauricio Fernández Garza Sada, el alcalde que en vida firmó una supuesta “pax narca” para San Pedro, permitiendo que a ese próspero municipio se fueran a vivir prominentes familias del crimen organizado. Lo hizo a cambio de que no operaran en ese territorio, más allá de vender su droga a los jóvenes regiomontanos en los populares antros locales. No es especulación. Existen audios de 2009 publicados por Reporte Índigo, con la voz del difunto alcalde panista, en los que él mismo admite que pactó entonces con el cártel de los Beltrán Leyva.
Desde entonces, San Pedro Garza García se transformó en un narco-dormitorio que acabó albergando no sólo a personajes ligados al crimen organizado como “El Nito”, “La Gata”, “La Burra”, “El 34” y “El Socialitos”. También se transformó en la capital nacional de los huachicoleros y de los factureros, que en sus calles pavimentadas de opulencia y frivolidad podían esconder sus excesos de consumo. Autos de lujo, tiendas de marca, restaurantes de gran clase, le dieron patente de legitimidad al gasto del dinero fácil.
San Pedro Garza García es el municipio en donde fue ejecutado a mansalva, en una barbería, Sergio Carmona, el llamado “Rey del Huachicol”. También es el municipio desde donde salieron las órdenes para quitarle la vida a Julio César Luna, el propietario de Tacos del Julio, quien días antes de su ejecución denunció una red de extorsión de la policía sampetrina, que todavía hoy “cobra piso” a decenas de negocios y que, de acuerdo a la incómoda denuncia de Julio, era operada por el segundo de abordo del jefe policiaco José Luis David Kuri.
Es el mismo municipio en el que, hace unos meses, fueron detenidos jóvenes factureros e incluso empresarios serios, a los que se les exigía “cobro de piso” sólo para tener el derecho de desplazarse sin problemas por sus calles en autos Ferrari, Porsche o Maserati. El mismo San Pedro en el que un jóven de 16 años, miembro de una de las más prominentes familias de ese municipio, fue brutalmente golpeado hace unas semanas por policías municipales que le exigían dinero cuando salía de un antro para dirigirse a su casa. ¿Dónde están los policías que lo atracaron?
La siembra del temor en San Pedro Garza García está a la orden del día. La cosecha de silencios, también. Nadie se atreve a denunciar por temor a ser intimidado o incluso victimado.
Y esos silencios incluyen no sólo a las más altas autoridades municipales de corte panista, sino a los enviados federales morenistas, que tenían como consigna pacificar la plaza. El silencio abarca, incluso, a prominentes hombres de empresa y líderes sociales que frente a la pasividad de quienes gobiernan San Pedro deciden hoy callar. Hasta que la pérdida en la vida de algún familiar cercano los alcance.
La ejecución del lunes, en el desarrollo Arboleda, dejó huellas más que evidentes de esas complicidades. Un policía de Tránsito de San Pedro -armado- detiene a un conductor al que le solicita bajar la ventanilla del automóvil para pedirle sus documentos. Y cuando eso sucede, llama por su celular a alguien que se sospecha fue el gatillero, que acabó ejecutando de cinco balazos al conductor. Al más puro estilo de los peores días de las mafias de Chicago o de Sicilia. En medio de calles y avenidas en donde transitan, lo mismo vecinos, que hijos y nietos de las familias que prefirien guardar silencio y no enfrentar esa “pax narca”.
Los servicios de inteligencia advierten que el ejecutado venía de Sinaloa y que él era, en realidad, uno de los brazos operadores de un facturero de aquella región. Iba a recoger en esa zona a una hija de su jefe, quien era el auténtico destinatario de esa ejecución. El jefe lo mandó por su hija en su camioneta y acabó ejecutado en la confusión.
Triste que una comunidad otrora ejemplar, como San Pedro Garza García, esté hoy -por incompetencia, por complicidades o por silencios- como territorio de quienes saben que en su estilo de vida pueden esconder sus lujos, sus excesos y sus familias.
Y peor aún, que el responsable de la Seguridad, José Luis David Kuri, salga públicamente a señalar que medios de comunicación que investigan y publican lo que pocos saben podrían estar involucrados en los crímenes. “¿Cómo es que saben tanto y tan pronto?”, se pregunta.
Trágico que los líderes de esa comunidad guarden silencios cómplices o decidan emigrar a Estados Unidos o a España, sin exigirle a la autoridad que ponga en orden lo que uno de los suyos, Mauricio Fernández Garza Sada, les dejó como herencia maldita. ¡Despierten sampetrinos!