México importa cerca del 70% del gas que consume desde Estados Unidos, un escenario que ha llevado al gobierno de Claudia Sheinbaum a abrir la puerta a la evaluación técnica del fracking. Sin embargo, especialistas del sector energético advierten que el principal obstáculo para detonar inversiones no es la falta de estímulos fiscales, sino el modelo que obliga a asociarse con Petróleos Mexicanos (Pemex).
Analistas como Sergio Kurczyn, de Banamex, y los especialistas Arturo Carranza y David Rosales coinciden en que México podría replicar el caso de Argentina, particularmente el desarrollo de Vaca Muerta, donde el auge del shale fue impulsado por cambios regulatorios y estímulos fiscales específicos. En ese país, la llamada resolución 46 permitió activar inversiones y dinamizar el sector.
“En Argentina ese escenario lo dio la regulación. Se le llamó la resolución 46. Con esa resolución empezó el desarrollo de Vaca Muerta. Ahí empezó a moverse la rueda”, relató el empresario Carlos Ormachea, de Tecpetrol, durante un foro de Amexhi.
En el caso mexicano, el gobierno ya contempla incentivos como una tasa diferenciada: 30% para el crudo y 11.62% para el gas. No obstante, a diferencia del modelo argentino, los proyectos deben estructurarse mediante asociaciones con Pemex, lo que, según participantes del mercado, limita el atractivo para el capital privado.
Hasta ahora, solo se han concretado siete contratos mixtos, en un esquema donde la petrolera estatal suele imponer condiciones que reducen la autonomía de los inversionistas, especialmente en rubros como comercialización y financiamiento.
Para David Rosales, el elemento clave es la certidumbre. “Se requieren contratos donde el inversionista tenga acotada la incertidumbre, con reglas claras sobre recuperación e inversión”, señaló. También advirtió que los incentivos deben enfocarse en la viabilidad de los proyectos y no en el rescate de la empresa productiva del Estado.
A ello se suma la necesidad de condiciones de mercado claras. “Debe haber certeza sobre exportaciones o, en su caso, que el mercado interno opere con precios confiables”, añadió el especialista.
Arturo Carranza coincidió en que el esquema actual requiere ajustes profundos. “Son proyectos de largo plazo. No se ha logrado garantizar certeza jurídica ni reglas del juego claras. Pemex no es hoy el socio más atractivo”, afirmó.
En un contexto de precios energéticos presionados por la inestabilidad geopolítica, México enfrenta una oportunidad para desarrollar su potencial en shale, aunque los especialistas subrayan que el desafío no radica únicamente en los estímulos fiscales, sino en las condiciones estructurales del mercado energético.
