Columna invitada

El partido de Claudia

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  • Esta semana ocurrieron varios cambios políticos que reflejan una realidad compleja dentro del partido en el poder. “La Presidenta no toma decisiones en Morena”, dijo Claudia Sheinbaum en su conferencia. Sin embargo, las fichas que se han reacomodado en el partido muestran un viraje sustancial.

    Hasta hace unos días, dentro de Morena creían que Esthela Damián, consejera jurídica de la Presidencia, llegaría a la dirigencia del partido. La presidenta de Morena, Luisa María Alcalde, dijo que eran “rumores” y que solo se iría “por un llamado de la Presidenta”. Poco después, varios cambios se confirmaron.

    Damián renunció a su puesto en la Presidencia; dijo que buscará gobernar Guerrero. Para reemplazarla, Sheinbaum invitó públicamente a Alcalde. “Es una degradación en toda regla”, me dijo un morenista. Y lo es, ya que Alcalde ha sido secretaria del Trabajo y de Gobernación. Ella dijo primero que “lo estaba pensando” y terminó por aceptar.



    Mientras, el nombre de Ariadna Montiel, actual secretaria del Bienestar, comenzó a recorrer los pasillos del partido como la preferida para sustituir a Alcalde. Montiel es quizá la persona que mejor conoce los programas sociales del gobierno de Sheinbaum y su alcance electoral, porque los ha gestionado desde el obradorismo. Su llegada a Morena implica dos confirmaciones clave: Sheinbaum está colocando en puestos clave del gobierno y del partido a personajes más cercanos a ella, y la operación electoral para 2027 ya comenzó.

    Citlalli Hernández, quien me dijo que considera a Sheinbaum “la dirigenta política de nuestro movimiento”, renunció a su puesto como secretaria de las Mujeres y ahora negociará las candidaturas en Morena para 2027 al presidir la nueva Comisión Nacional de Elecciones y Alianzas. Y desde esa posición, Hernández me dijo que Montiel sería “una gran presidenta de Morena”, pero que le tocaba a ella decidir si quería buscar el puesto.

    Andy López Beltrán sigue en la dirigencia de Morena, mientras sus colegas repiten: “quizá tenga una diputación local o federal, o se refugie en Tabasco, porque claramente ya no le da para buscar el gobierno de la Ciudad de México”.



    La Presidenta dice que ella no manda en Morena, pero los funcionarios van y vienen entre el partido y el gobierno, mientras los morenistas interpretan los cambios a partir de luchas internas, cada vez menos discretas. “Finalmente va a ser el partido de Claudia”, me dijo otro morenista.

    Cuando comenzó este sexenio, el entendimiento entre muchos políticos era que Sheinbaum no tenía equipo, había heredado muchas fichas incómodas del obradorismo y tendría poco margen para gobernar. Ahora, hay más personajes cercanos a Sheinbaum en puestos de poder, desde la Cancillería hasta la Auditoría Superior de la Federación, la Fiscalía y la seguridad pública.

    Estos cambios reflejan también las durísimas batallas internas que están ocurriendo: en los estados, en el Congreso y en el gobierno. El partido no se consideraba un territorio de influencia directa de la Presidenta. Hasta ahora.



    En los últimos días, hablé con morenistas que, por ejemplo, dicen que Damián en Guerrero tendría que vencer a Salgado Macedonio, no a la oposición. Que Ulises Haro, en Zacatecas, tendría que imponerse a una candidata cercana a los hermanos Monreal; que Milena Quiroga, en Baja California Sur, puede conseguir una candidatura estatal porque apoyó a Sheinbaum en la contienda interna de Morena en 2023, y esas lealtades se pagan. Damián ha dicho que Sheinbaum “ha sido y es mi referente político”. Haro recibió a Sheinbaum cuando llegó hace poco a Zacatecas. Todos estos políticos están en Morena. La contienda más difícil, en muchos sitios, se dará dentro del partido.

    “Sheinbaum siempre fue la científica; ella no tiene cuadros”, me dijo un legislador de la oposición. Dentro y fuera del partido, unos creen que Sheinbaum “sigue acordando con AMLO las decisiones del partido”; otros dicen que “está empezando a zafarse de él” y que “trata de agarrar el control de Morena”, mientras mantiene cerca a operadores obradoristas, pero quitándoles poder.

    Con estos cambios, Morena vuelve a una estructura de operación electoral que conoce y le sirve, tras los fracasos electorales de 2025 en Durango y Veracruz, con operadoras políticas hábiles en el territorio y en la negociación. Veremos cuánto mueve esto el tablero político y si afianza -o no- el poder menos formal de la Presidenta.

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