“Marcelo (Ebrard) está haciendo un excelente trabajo al frente de la Secretaría de Economía”, dijo ayer la presidenta Sheinbaum. Un elogio que, por lo demás, pocos parecen poner en duda.
Excelentes habrían sido también sus desempeños como secretario de Relaciones Exteriores (2018-2023) y jefe de Gobierno del entonces DF (2006-2012). Y cuando el lopezobradorismo —y luego el llamado segundo piso— requirió de su disciplina, siempre la encontró. Estaríamos hablando entonces de un político y servidor público leal y de alta calidad que, quizás, y pese a su experiencia y talento, no fue lo cuidadoso que debió ser al pedir y obtener un favor para su hijo.
Ebrard sostiene que no ve abuso en ello, pero una jauría 4T —que puede arropar a los Corral, Yunes, Salgado Macedonio, a Cuauhtémoc Blanco y a los Píos— saliva con su eventual desbarranco. El caso está siendo investigado por la Secretaría Anticorrupción que, difícilmente, irá en sentido opuesto a las necesidades de Palacio Nacional.
La cabeza de Ebrard es hoy estratégica en la negociación con Estados Unidos como para guillotinarla. Lo saben bien quienes —emboscados en el movimiento—, más que devorarlo, tratarían de dejarlo cojeando el resto de su vida. Ayer, la Presidenta les advirtió que está haciendo un excelente trabajo.