Columna Bisturí

Justicia importada

Bisturí

La relación México–Estados Unidos dejó de ser diplomacia para convertirse en expediente. Y no cualquiera: uno con sello judicial, testigos protegidos y, si se ofrece, esposas federales.

La advertencia no es menor. La administración de Donald Trump —si cumple lo que ya deja entrever— no vendrá a regañar ni a cancelar visas. Vendrá a litigar. Y eso cambia todo. Porque una cosa es el jalón de orejas y otra muy distinta es sentar a políticos mexicanos en el banquillo de una corte en Estados Unidos.

El mensaje lanzado en Sinaloa por el embajador Ronald Johnson no fue casualidad. Fue quirúrgico. En la tierra del Chapo Guzmán, hablar de combate a la corrupción con dientes judiciales no es retórica: es advertencia con destinatario.



Y aquí es donde el bisturí entra a fondo.

Estados Unidos no está descubriendo el hilo negro. El expediente del narco en la política mexicana existe desde hace décadas. La novedad es el instrumento: ya no bastan los informes de inteligencia ni las listas negras. Ahora la apuesta es judicializar la relación bilateral. Exportar justicia… o imponerla.

¿Soberanía? Buena pregunta. Difícil respuesta.



Porque cuando el vecino decide que su sistema judicial será herramienta de política exterior, la frontera se vuelve difusa. Hoy son visas, mañana son órdenes de arresto. Hoy son señalamientos, mañana pueden ser sentencias.

Y todo esto en medio de negociaciones comerciales.

Nada es casual. El factor económico como palanca de presión es tan viejo como efectivo. Si el T-MEC se renegocia bajo la sombra de expedientes penales, entonces la mesa deja de ser comercial y se convierte en un tablero de ajedrez con piezas judiciales.



México queda en una posición incómoda: defender a sus políticos implica asumir costos internacionales; entregarlos, aunque sea indirectamente, implica admitir que el problema rebasó las fronteras.

Mientras tanto, en casa, el silencio pesa.

Porque si algo ha caracterizado al sistema político mexicano es su capacidad para administrar escándalos… no para resolverlos. Y ahora el riesgo es que esa administración se haga desde Washington.



No sería la primera vez que capos, exfuncionarios o testigos protegidos construyen historias en cortes estadounidenses. Lo nuevo sería que esas historias escalen al nivel de reconfigurar la relación entre dos países.

Una cascada de acusaciones —como se anticipa— no solo golpearía nombres. Golpearía instituciones, partidos y, de paso, narrativas enteras.

Y aquí conviene recordar algo que ya hemos visto en otros escenarios: cuando la justicia entra por la puerta de la política, rara vez sale sin dejar daños colaterales.



México enfrenta una disyuntiva incómoda: limpiar la casa o aceptar que alguien más lo hará.

Lo segundo siempre sale más caro.

Porque en política exterior, como en cirugía, el problema no es el bisturí.



Es quién lo sostiene.

José Luis Parra

José Luis Parra es un periodista con más de 40 años de experiencia en medios locales y en Notimex. Fundador de SonoraPresente y autor de la columna Bisturí.

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