La vida me ha permitido comprobar la sabiduría popular mexicana en varias ocasiones. En una de ellas, cuando negociaba con Cantinflas la posibilidad de filmar México Negro, una película basada en mi primera novela, me hizo un genial resumen de su imagen de nuestra sociedad: “Mira, tocayito (por lo de Moreno): En México nunca pasa nada, hasta que pasa, y cuando pasa, todos decimos, pos sí, tenía que pasar…”.
-¿No te llama la atención -pregunté- que ningún automovilista haya protestado, tocando el claxon desesperado por la inmovilidad? -Así es la cosa -repuso sonriente, clavándome la mirada a través del espejo retrovisor.
-Toma en cuenta -aduje para provocarlo- que hace 30 años se planeaba construir 220 kilómetros de Metro y solo se hicieron 12, los de la línea 12, que se derrumbó y sepultó en la ineficiencia y en la corrupción a los funcionarios ejecutores de la obra, sin olvidar a las decenas de muertos. -Así es la cosa, jefecito -repitió el conductor la misma cantaleta.
-Pero, ¿qué piensas de la pandemia, en donde murieron 850,000 mexicanos injustamente por falta de asistencia médica, mientras AMLO sugería el uso de escapularios para asustar a la muerte? Sí, ¿y qué me dices de los 250,000 homicidios dolosos y de los 110,000 desaparecidos en el país, en poco más de un sexenio, sin que nada se aclarara ni nadie protestara por los horrendos crímenes? -Sí jefe, sí, tiene usted razón, pero así es la cosa, entiéndalo por favor, así es.
Al percatarme que mi interlocutor estaba más o menos informado y permanecía negando con la cabeza, disparé un argumento tras otro, mientras continuábamos inmóviles en la calle de Homero: -López Obrador y Sheinbaum continúan construyendo una dictadura, ya no existe el Estado ni el Poder Judicial ni el Legislativo y dependemos del estado de ánimo de ellos dos para impartir justicia, en fin, carecemos de instituciones defensoras de la sociedad y de los derechos humanos. Es como si en un partido de futbol los árbitros fueran vendidos… ¿Volveremos a arreglar nuestras diferencias con las manos, como en la revolución? -Pues sí, así es la cosa patrón, así es y así será…
Odio que me digan patrón, pero deseoso de continuar con la charla, agregué: -Oye, pero si la gente fallece en los pasillos de los hospitales, se roban los ahorros de la nación o los desperdician en obras estúpidas, son mentirosos profesionales, sólo AMLO mintió 80 veces cada día, los narcos son dueños de la mitad del país, no existen vacunas para los niños, desapareció la democracia, sobornan a la sociedad con los programas asistenciales para eternizarse en el poder, seguiremos siendo un país de reprobados con cero crecimiento económico sin crear empleos con derechos laborales y asesinan a 10 mujeres al día y todos calladitos se ven más bonitos…
Ante su sonrisa socarrona continué: -¿Pero supiste que Sheinbaum violó el principio de no intervención al pedir en Barcelona la libertad de Cristina Kirchner, la expresidenta de Argentina, una delincuente condenada por corrupción en el manejo de fondos públicos? Volvió a violar el mismo principio al solicitar el apoyo a la maligna dictadura cubana, cuando su pueblo muere en la miseria y, para rematar, propuso “sembrar paz por el mundo”, cuando en México cada día se descubren más fosas clandestinas y la violencia criminal está desbordada ¿Vamos a una guerra civil? ¡Qué horror!
-Así es la cosa, jefe, así es. ¿Pa’ qué cambiar la cosa si llegará una cosa peor? Mejor dejemos la cosa como está -concluyó cuando finalmente llegamos a mi destino.
Pues sí, en efecto, así es la cosa, me dije en silencio sin saber si reír o llorar…