El gobierno mexicano siguió empeñado en convertir una noticia no catastrófica en un éxito estratégico. Y está muy bien. La presidenta Sheinbaum defendió el jueves que el diálogo con Trump y Washington evitó que los aranceles recíprocos nos rompieran los tímpanos. Entonces Stellantis anunció que suspendía operaciones en Saltillo y Toluca. “Ya lo sabíamos”, me atajó ayer el secretario Ebrard. “Nos dijeron que es temporal, que tienen que reorganizar su producción”.
¿Quién más les ha dicho algo así? Ebrard reenfoca la partitura del optimismo, toca: “No tenemos ninguna otra noticia de cancelación de inversiones”. Y agrega que es de entenderse, pues hoy no hay país con más ventajas competitivas que el México 0% aranceles recíprocos. Stellantis, con sus Jeeps, se suma al pasaje moderado, nos manda decir que ninguno de sus 16 mil empleados será despedido en el periodo de ajuste.
Entonces aparece Nissan y desafina con lejanas percusiones: suspenderá pedidos para el mercado estadunidense de dos modelos Infiniti que se fabrican en Aguascalientes. Pero Ebrard nos recuerda el anuncio de nuevas inversiones de la europea Volvo. Música para los oídos. Es de reconocer el empeño. Suerte.