Acuérdate de Acapulco… y de que precisamente para eso son los fideicomisos

El huracán Otis golpeó Acapulco con vientos de 300 km por hora que dejaron al bello puerto sin electricidad e incomunicado (por tierra; por aire desde ayer podían llegar helicópteros y aviones de las Fuerzas Armadas). Los daños materiales son incalculables y las vidas humanas que cobró aún no se han podido cuantificar.

Quizá por ello López Obrador decidió que él debía ser el centro de atención… Esto es, a pesar de tener a su disposición helicópteros (tres de la CFE fueron desplegados horas antes; la propia gobernadora de Guerrero, Evelyn Salgado, llegó al Centro de Mando de Acapulco por esa vía), el primer mandatario optó por tomar carretera para acudir a la zona de desastre.

La poca seriedad que reclamaba a Enrique Peña Nieto en el 2013 ante el azote de los huracanes Ingrid y Manuel, AMLO la desplegó en pleno el día de ayer —junto con una buena dosis de drama y dentro de un vehículo militar— al optar por ir por carretera a pesar de saber que esta se encontraba obstruida. Luego, quedarse varado junto a su comitiva —¡que incluía al secretario de Defensa!— en plena Autopista del Sol, fue en adición.

En fin, reportan que el presidente tuvo que caminar una parte del trayecto, pero que ya se encuentra en las inmediaciones de Acapulco, Guerrero. Por cierto, la circulación se ha reabierto en la autopista a la altura del Km 360 para vehículos de emergencia.

Prever lo improbable

Otis azotó ese hermoso estado. El desastre se está dando a conocer a cuentagotas.

Si bien es raro que una tormenta se convierta en huracán, y además de esta magnitud, lo cierto es que sí dio tiempo (poco más de doce horas) para que el gobierno estatal, a través de protección civil, tomara ciertas precauciones y previniera a la población. Sin embargo no lo hizo. Ni siquiera en el caso de los hospitales.

No solo eso, la propia autoridad —en sus tres niveles de gobierno— tampoco tomó ningún tipo de precaución. No se alertó con rapidez a la ciudadanía y los tibios avisos se dieron cuando el huracán ya era categoría 4 y se encontraba a escasos 125 kilómetros de Acapulco.

Lo que sería un desastre producto de fuerzas naturales, se convierte en una tragedia precisamente por no alertar a la población a tiempo de lo que venía.

Lo que es más, a los crecientes fenómenos naturales —ahondados por el cambio climático— se les hace frente con políticas públicas desastrosas e instrumentos de financiamiento no acordes con las necesidades urgentes que los desastres significan.

Indolencia y recorte presupuestal

Para todo fin práctico, el Fonden ya no existe, el gobierno de la 4t decidió extinguirlo hace tres años. Un fideicomiso de uso flexible, establecido en específico para desastres naturales, como tal ya no hay.

Se aprobaron, dicen, a cambio: “17 mil millones de pesos para desastres naturales en el presupuesto federal 2023 (de los cuales restan más de 11,700 millones para atender la emergencia de Guerrero y otras)”. El problema con ello es que el dinero así establecido no es funcional en caso de desastres. El dinero ni fluye ni llega cuándo y dónde debe llegar.

Financiamiento manejado —ese sí— de manera opaca. Presupuesto aprobado, pero que no se ha traducido en gasto real (a cuatro años de creada la partida presupuestal, el monto utilizado a la fecha es irrisorio). Un presupuesto centralizado a través de la… Sedena (¿por qué no sorprende?), sin las reglas claras, la certeza y la transparencia que da un mecanismo como el del fideicomiso.

A lo anterior adicionemos otra cuestión no menor y que no ha sido transparentada: ¿dónde quedó el dinero que había en el fideicomiso extinguido? Pero también los de prevención y de Protección Civil. Se palpa su ausencia.

Tragedia histórica, devastación brutal, pérdidas millonarias, silencio oficial y encima el recordatorio de la incertidumbre relacionada a dónde fueron a parar (digo, además de un socavón del Tren Maya) más de 26 mil millones de pesos del Fonden.

En síntesis, ante fenómenos naturales como Otis, el gobierno lopezobradorista ha recetado recortes al pueblo de México.

El huracán “Evelyn”

En Guerrero llueve sobre mojado y no me refiero solo por el huracán Otis. No ven la suya los guerrerenses por una violencia inaudita que continúa incrementándose. Por las masacres que existen, aunque sean negadas.

Estar pendiente de su estado y sus gobernados es lo de menos. La gobernadora Evelyn Salgado ha preferido los eventos de su partido y hacerle caso a su padre. Y compartir mensajes en redes sociales… Curioso: mientras los deslaves afectaron las vías de comunicación y en Guerrero se quedaron sin energía eléctrica, sin Aeropuerto, sin Autopista del Sol, sin Fonden, Salgado sí tuvo luz para poder usar el teléfono. ¿Cuenta con planta de luz el palacio de gobierno o será —como algunos internautas han señalado— que ella NO se encontraba en la entidad?

Las elecciones cercanas han logrado lo que no vimos en otras tragedias y/o desastres naturales.

Ante las imágenes de la devastación ocasionada en uno de los puertos más hermosos del mundo y más querido para millones de mexicanos, la 4t tardó más de 24 horas en comenzar a reaccionar. Aduciendo que las carreteras estaban cerradas, no pensaron que podían mandar víveres vía aérea. ¿Dinero para adquirirlos? Detenido en vericuetos burocráticos de Hacienda. Hoy optamos por apoyar vía organismos que no tengan relación con gobiernos ni entidades públicas para evitar el mal uso de la ayuda.

Acuérdate de Acapulco y de la falta de previsión y recursos. Del puerto y de otras localidades que han sufrido eventos meteorológicos en el abandono.

El 2024 se acerca y a la Cuarta Transformación debiera cobrársele caro. La reacción morenista a este desastre no es algo que debiera olvidarse, por mucho que López Obrador haya procurado darse la vuelta por esos parajes.

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