Trump: cosecha del odio

RAMON ALBERTO GARZA

El atentado contra el líder republicano en el senado, Steve Scalise, es de las primeras cosechas de la siembra de odios en Estados Unidos, tras la elección de Donald Trump.

De lo que se conoce por referencias familiares, James Hodgkinson, el hombre que disparó contra los legisladores en un campo de beisbol y que fue abatido por la policía, vivía intranquilo y estresado desde que el empresario asumió la presidencia norteamericana.

Era un liberal a disgusto con las políticas de Trump y con las posiciones conservadoras de los republicanos. Eso lo testifica con claridad el legislador Jeff Duncan, a quien el francotirador le preguntó antes de iniciar el partido si los que jugaban era Demócratas o Republicanos.

Desde marzo de 1981, cuando John Hinckley Jr, intentó asesinar al presidente Ronald Reagan que los norteamericanos no testificaban un intento de magnicidio.

Con la diferencia de que las motivaciones de Hinckley eran las de ganar la atención de la actriz Jodie Foster, a quien el fallido asesino buscaba conquistar.

En el caso de Hodgkinson está claro que se trata de la explosión muy personal de odios políticos, de confrontaciones ideológicas que vienen subiendo los niveles del rencor y de la frustración social desde que Trump entró en la Casa Blanca.

Porque está mas que claro con las demoledoras huellas de sus torpes y apasionados tweets, el presidente está dedicado a sembrar odios para cosechar tempestades.

Sofocado por su ego y soberbia, Trump ataca ferozmente a quien se atreve a contradecir sus caprichos, convirtiendo a sus adversarios en enemigos irreconciliables.

La lista va desde Barak Obama, crooked Hilary Clinton, su exFBI James Comey, Michael Bloomberg, John Biden, Al Gore, Mitt Romney y Colin Powell.

Las periodistas Megyn Kelly, Ariana Huffington, Barbara Walters, Jorge Ramos, David Letterman y los medios Time, Newsweek, NBC, New York Daily News y BBC.

También los actores Arnold Schwazenager, overrated Meryl Streep, la cantante Cher, Robert De Niro hasta llegar a los mexicanos y el muro, los musulmanes y el veto, los pro Obama Care o cualquier demócrata.

Ni que decir de los mandatarios de México Peña Nieto, Merkel de Alemania, Macron de Francia, May del Reino Unido o Enda Kenny de Irlanda.

Trump olvidó desde el primer día de mandato de apenas seis meses, que el arte de gobernar es el de conciliar y no el de colisionar.

Pero su estrategia digital de confrontar a Estados Unidos y al mundo en 140 caracteres despierta cada mañana la ira de nuevos adversarios que se acumulan a la larga lista y que avivan los ánimos de polarización de una sociedad de por si radicalizada.

En ese marco se tiene que inscribir el atentado de ayer en Virginia. En la expresión extremista de alguien que ya no veía soluciones a través del diálogo sano.

Fue la respuesta de quien como respuesta al insulto, la intolerancia y la diatriba, decidió hacer justicia en arma propia. Y encontró en los legisladores su blanco fácil.

Ojalá que el mensaje se lea en su justa dimensión en la Casa Blanca para que los ánimos políticos se atemperen en los momentos en que Trump ya se siente acorralado y sin salida frente a su estúpida y confortativa realidad.

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