Un PRI contra Los Pinos

JOSÉ JAIME RUIZ

La clase política del PRI se divide y, frente a la sucesión presidencial, ya hay signos preocupantes de escisión: algunos no quieren ni dedazo ni imposición y, en un juego democrático que desconocen, exigen voto por voto para escoger a su abanderado, no la cargada hacia el delfín de Los Pinos. Este grupo priista, donde también se puede ubicar desde lo oscurito a Emilio Gamboa y Manlio Fabio Beltrones, busca incidir en la próxima asamblea y restarle poder a Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray.

¿Qué ha dicho Ivonne Ortega? La ex gobernadora de Yucatán (“la rentabilidad electoral, la competitividad del PRI, ha caído en 4 millones 900 mil votos”) quiere arrebatarle la sucesión a Peña-Videgaray: “Hay muchos ejemplos de cómo el PRI ha perdido elecciones por malas decisiones al elegir candidatos, muchos de ellos sin el aval de la militancia, por eso es necesario que las candidaturas surjan de consultas directas a la base y a la ciudadanía.

“A lo largo del país muchos priistas me han manifestado que es necesario abrir a la base militante los procesos de selección de dirigentes, para garantizar su pertenencia al partido y su legitimidad”.

Lo que propone Ivonne es que los priistas escojan a su candidato a la Presidencia de la República pero, una Presidencia restaurada, le deja poca maniobra a los grupos. Manlio Fabio entregó en el 2016 un vaso vacío; Enrique Ochoa en 2017 un vaso medio lleno, aunque los opositores de Los Pinos digan que es vaso medio vacío. El priista Hugo Díaz-Thomé, presidente de “Nueva Corriente Democrática”, arremete contra el priista Peña Nieto por la “inviabilidad de procesar la voluntad de un único consejero político nacional… evitando que intervenga un puñado de personas dentro de un cuarto blindado, ya que se corre el riesgo de que ahí solos, sin que nadie observe lo que están haciendo, la soberbia los desquicie”.

¿Cuáles son las demandas de los inconformes?

1)   Arrebatar la sucesión a Enrique Peña Nieto y a Luis Videgaray.

2)   Evitar que declinen, desde la hipocresía política, a favor de un panista (en este caso Rafael Moreno Valle).

3)   Reafirmar la superioridad electoral de priistas estructurales sobre priistas contingentes, que la militancia se imponga, y 4)   Cancelar el descontento de la militancia, que ha sido ninguneada por los acuerdos PRIAN, esa misma militancia que, más que amago amenaza, puede cambiar sus preferencias por Morena.

Lo que se juega en la próxima asamblea priista es quién o quiénes tienen el control de la sucesión. La rebelión contra Peña Nieto y Luis Videgaray está en marcha. Un grupo priista desea regresar al “priismo”, cualquier cosa que eso sea.

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