El Ciudadano Beltrones

José Luis Parra

El poder político se mide y funciona de acuerdo a la capacidad económica de los grupos en pugna. La Presidencia de la República tiene recursos de sobra para jugar sus cartas. Pero resulta que el ciudadano Manlio Fabio Beltrones, sin cargo público ni curul alguna, tiene en aprietos al grupo en el poder nacional. De acuerdo a expertos el campo de batalla por la sucesión estaría dividido en dos amplios frentes, uno encabezado por Enrique Peña Nieto y el otro por el ex gobernador de Sonora.

La libre interpretación a esta medición de fuerzas aparentemente muy desigual, es sencilla: El factor Beltrones encabeza su movimiento porque así se lo habrían solicitado sus compañeros de armas que, obviamente, representan un muy respetable poder político y económico.

O sea que el ciudadano Beltrones podría ser el ariete de una verdadera maquinaria de guerra que se afina para dar la pelea en la asamblea nacional del PRI, donde se fijarán las reglas para la nominación del candidato presidencial. Beltrones y compañía van por mantener cerrados los candados de los 10 años de militancia que requiere el tapado. Y Peña Nieto por abrir esos cerrojos para que los tecnócratas sin militancia puedan ser nominados.

Hoy más que nunca Manlio disfruta de un poder que quizá no tuvo como presidente nacional del PRI. Y prestigio, sobre todo. El informado columnista Raymundo Riva Palacio, escribe en su columna:

Beltrones, que probablemente tiene más prestigio hoy en día dentro del PRI que Peña Nieto y todo su gabinete juntos, fue crecientemente presionado por los cuadros más experimentados del partido para que definiera su posición y dijera qué quería. Buscaban tener en él la cabeza del desafío a Peña Nieto, pero rechazaba las presiones. Hasta después de las elecciones en el Estado de México podría darse un posicionamiento, insistía a quien le preguntaba. Finalmente, esa definición se dio en una entrevista con Reforma, donde anticipó que definirá si compite por la candidatura presidencial después de la Asamblea Nacional del PRI en cinco semanas, pero advirtió de que su partido no puede servir de “taxi” de aspirantes sin identidad partidista.

Reforma cabeceó la entrevista hábilmente, bajo el sugestivo título: Parece el PRI taxi de delincuentes.

Textualmente, la declaración fue la siguiente: “El partido no puede seguir siendo un taxi que traslada de un lugar a otro a personas que no tengamos la seguridad de que van a cumplir con la obligación del partido, porque después el partido es el que sale raspado.

“Si trasladó por allí a un delincuente, después andan buscando al taxista y al taxi, en lugar del delincuente”.

El alboroto por ese famoso taxi revolucionario fue grande, de costa a costa y de frontera a frontera. El mensaje llegó a quien debería llegar. Y asimilado.

La lectura es obvia: Manlio es un político que pesa. Y periodísticamente es un factor de poder interesante, atractivo, al que siguen no pocos ciudadanos a lo largo y ancho del país, no nada más en su tierra, Sonora.

En este modesto espacio adelantamos hace mucho esta confrontación. En junio 26 de 2016 escribimos al respecto:

Manlio Fabio Beltrones está hoy más vigente que nunca. Ya liberado de la carga partidista, el político sonorense, desde la tranquilidad de su retiro temporal, debe tener muy claro la posición que guardan sus querientes pero sobre todo sus malquerientes.

Con su renuncia a la dirigencia nacional de su partido, los bandos de la sucesión presidencial observaron que la figura de Manlio creció en lugar de disminuir.

Pensaban rematarlo porque creían que estaba herido de muerte, pero el resurgimiento del artífice de las reformas peñanietistas debió haber sorprendido a tirios y troyanos.

Este reposicionamiento beltronista, avalado por casi todas las plumas nacionales, deja ver que el sonorense estaría más fuerte de lo que suponían sus enemigos o que sus adversarios están más débiles y vulnerables de lo que pensaban.

Todos los que están inmersos en una sucesión presidencial que en cualquier momento se puede salir de control, sin excepción, saben que Manlio puede hacer mucho daño si lo dejan fuera del juego.

Por eso, lo más seguro es que lo mantengan cerca.

Algunos observadores sostienen que Manlio ya dijo adiós.

Pero resulta que hoy está más vigente que nunca.

¿Qué hará el sonorense con su capital político?

Quién sabe.

Pero no creemos que lo heredará… aún.

El hábil negociador sabe muy bien que en política nada es eterno y que el poder es temporal. Por lo pronto, con su renuncia, dejó un ilustrativo mensaje: Fue abandonado por el gobierno. Y traicionado.

Faltaría poco para saber qué rumbo tomará su camino.

Lo que tenemos seguro es que tendrá un rol importante en la sucesión.

¿Dentro o fuera del círculo presidencial?

Esa es la duda.

¿Consejo panista?

La pasión que genera abordar temas polémicos, como el alza a la tarifa de transporte, en algunas ocasiones genera amnesia temporal o ignorancia. Decir o escribir que el Consejo Técnico del Transporte es panista, tiene sus asegunes. Su presidente, Jesús Elierce Caballero Lagarda, fue presidente de la Liga de Economistas del PRI. También presidió la Fundación Cano Vélez.

Esos puestos no son de orientación panista, precisamente.

Que los hayan nombrado en un gobierno panista, inclusive con el aval de Samuel Moreno, es otro boleto.

Son las famosas negociaciones sexenales.

Que no necesariamente son afiliaciones partidistas.

Elierce Caballero, suponemos, debe asimilar el mensaje que le envían. Y desde qué trincheras.

 

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