Otra vez el Valle del Yaqui; ¿otro Biebrichazo?

José Luis Parra

El conflicto de los yaquis y el gasoducto es un caso que va más allá de la legalidad. Es un asunto de estado que hace recordar el 23 de octubre de 1975: La matanza de yaquis en San Ignacio Río Muerto. Y hoy la memoria del colectivo sonorense asocia la disputa actual con el “Biebrichazo”.

El Valle del Yaqui podría ser de nuevo escenario de una tragedia. La tensión está al máximo. El terreno sumamente caliente. En cualquier momento, si no se impone la cordura y el buen manejo de las negociaciones, podría estallar de nuevo la violencia.

Los yaquis son expertos en exasperar al tipo más sereno, en sacarlo de sus casillas, descontrolarlo, irritar al más templado, con su clásico estilo de negociar en cámara lenta, siempre con el viento a su favor.

Eso en la negociación oficial.

Bajo cuerda pueden recurrir a estrategias más audaces. Incluso a la violencia. De cualquier acción violenta pueden culpar a un miembro de la tribu que se movió por cuenta propia.

Y si la parte contraria, empresa privada o gobierno, cae en el garlito, los yaquis siempre aparecerán como víctimas, la parte débil, el sector oprimido que se defiende del poderoso. Y si hay un baño de sangre, mucho mejor.

La mesa de diálogo ya está preparada para este miércoles y jueves. Ojalá en esta reunión impere precisamente el diálogo. Se supone que aquí no estará presente algún representante de la empresa Gasoducto de Agua Prieta, que ha solicitado el uso de la fuerza pública en su disputa con la etnia.

Y se supone que estará también un representante de la Secretaría de Gobernación.

Esto hace recordar que el delegado de la Segob en Sonora, Wenceslao Cota Montoya, quiso renunciar al puesto por la quemada que le pusieron con la balconeada de su pensión (está pensionado con 158 mil 815 pesos). Entonces habría argumentado que no era necesario seguir como delegado. Pensaba que le iría mejor como asesor de su pupilo en sus tiempos de alcalde de Nogales, el hoy secretario de Gobierno Miguel Pompa. Calculó que como asesor no habría problema para disfrutar de su pensión, por aquello del conflicto de intereses. Pero vino otro conflicto, el de los yaquis, que le explotó en plena cara.

Hoy se dice que Cota Montoya podría ser relevado por el delegado en Baja California, Pepe Hernández, o por el delegado en Sinaloa, a petición de Miguel Angel Osorio Chong.

Y él estaría como asesor del Potrillo sin perder su pensión.

Pero ¿quién mece la cuna en el conflicto de los yaquis?

Primero acueducto, después gasoducto.

No, no son coincidencias.

¿Esos que mecen la cuna serán los mismos beneficiarios del gasoducto?

Buena pregunta para los expertos negociadores del gobierno.

A nadie conviene otro “Biebrichazo”.

 

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