Un grupo de organizaciones ambientales ha planteado al gobierno las preguntas elementales sobre el derrame de hidrocarburos en un ducto subterráneo en el golfo de México: ¿cuándo comenzó?, ¿por qué ocurrió?, ¿quién es responsable?, ¿qué protocolos se activaron?, ¿cuál es la magnitud del daño? De acuerdo con los registros de las organizaciones, la crisis inició el 6 de febrero. El gobierno refuta la fecha y la sitúa en los primeros días de marzo. Sea cual sea la versión correcta, es inadmisible que, 30 o 60 días después, Pemex no haya explicado lo que sucedió. La presidenta Sheinbaum anunció ayer con gesto adusto que hoy se reunirá con un grupo técnico “para seguir informando a la población”. ¿Seguir informando? “La información que han dado es parcial, así es muy difícil saber qué ocurrió”, me dice Pablo Montaño, coordinador de Conexiones Climáticas, una de las organizaciones que acusan la opacidad de Pemex. “Han negado la realidad. Por tanto, no se han aplicado los protocolos ni el plan de contingencias. Ha sido una narrativa que enturbia y esconde lo sucedido”. Trascendió que la Presidenta había advertido a Pemex que, de no ordenar la información y la ruta de acción, ella misma se metería a hacerlo. Parecería, pues, que en Palacio Nacional se cansaron. Veremos de qué. Y si tras la reunión de hoy aceptan, al menos, dar respuestas claras y creíbles a esas preguntas elementales: ¿cuándo, cómo, por qué, quién?
Columna invitada