La política mexicana también tiene sus evangelios. No los escriben apóstoles, sino operadores. No se predican en templos, sino en conferencias, giras y cuartos de guerra. Y en esta versión tropicalizada de la Semana Santa, los milagros escasean… pero las traiciones abundan.
Porque aquí nadie multiplica los panes. Apenas si se reparten el pastel.
I. El Mesías… en retiro activo
El Mesías ya no habita Palacio. Pero tampoco se ha ido.
Se retiró —dicen—, aunque su sombra sigue dictando parábolas, marcando líneas y corrigiendo herejías. Hay quien despacha, pero no necesariamente manda. Y hay quien ya no firma… pero sigue decidiendo.
La sucesión no fue relevo, sino extensión.
Porque el poder en México tiene esa mala costumbre: se resiste a morir, aunque cambie de domicilio. Y mientras tanto, el país sigue siendo botín en disputa.
Todo es cuestión de dogma.
II. Los Apóstoles… de ocasión
Aquí no hay doce, hay decenas. Y mutan.
Unos ayer juraban lealtad al viejo régimen, hoy recitan el evangelio de la transformación. Otros, que se dicen oposición, practican la fe selectiva: critican en público y negocian en privado.
Son apóstoles pragmáticos: creen en todo… siempre que haya presupuesto.
Y si no, siempre queda el milagro de última hora… o la impugnación.
III. Pilatos y sus manos limpias
En esta versión sobran Pilatos.
Funcionarios con alzheimer pero con mucha fe, gobernadores que “no sabían”, dirigentes que “no fueron”, candidatos que “no estaban enterados”. Todos con agua suficiente para lavarse las manos… aunque el país esté manchado de sangre.
Mientras tanto, la violencia sigue su curso, con pruebas o sin ellas, como si fuera un evangelio incómodo que nadie quiere leer en voz alta.
Aquí el juicio no lo dicta Roma, sino la coyuntura. Y aun así, nadie resulta culpable.
Milagro mexicano.
IV. Judas Iscariote S.A.
El traidor ya no vende por treinta monedas. Ahora cotiza en prerrogativas, candidaturas y contratos.
Los Judas modernos no necesitan beso. Basta una filtración, una llamada o un cambio de bancada.
Morena (Verde y PT incluidos), PAN, MC y el PRI, por ejemplo, parece vivir su propia Última Cena permanente: nadie sabe quién se va primero, pero todos sospechan de todos.
Y mientras se reparten el pan… alguien ya firmó el contrato.
V. El Calvario… del ciudadano
El pueblo, como siempre, hace de extra.
Observa la procesión, escucha los discursos, padece las consecuencias. Le prometen resurrecciones económicas, seguridad divina, justicia pronta… pero la realidad insiste en crucificar cualquier expectativa.
Y lo más inquietante: esta historia no termina en domingo de gloria.
Aquí la piedra sigue en su lugar.
Al final, esta Semana Santa a la mexicana no trata de fe, sino de control. No de sacrificio, sino de permanencia. No de redención, sino de administración del poder.
Y en ese evangelio político, el único mandamiento vigente es simple:
Seguir mandando… aunque ya no se esté.