El secretario de Hacienda, Édgar Amador, debería tener en cuenta que, a un velorio, no se puede asistir vestido como si fuera a un jolgorio.
Viene esto a cuento, porque el segundo piso de la Cuarta Transformación está difundiendo cifras muy alegres que intentan demostrar que la economía mexicana va viento en popa.
En comunicados sin membrete, a través de sus redes sociales, Édgar Amador se viste de traje y corbata para celebrar el buen desempeño económico que está registrando nuestro país. Y anticipa que el crecimiento de 2025 será por encima del que pronosticaron el Fondo Monetario Internacional y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Ojalá.Todos lo deseamos.
Y para ratificar ese jolgorio, el Secretario de Hacienda revela que, en 2025, la inversión extranjera alcanzó la cifra récord de 40 mil 871 millones de dólares, un 10.8 por ciento más que la registrada en 2024. En el rubro de nuevas inversiones se fue arriba un 132 por ciento.
Y para redondear las cifras del optimismo, el jefe de las finanzas nacionales dice que las ofertas para la convocatoria de la CFE -que busca inversiones para cogenerar 7.5 gigawatts- superaron en 5 tantos lo esperado. Es decir, todo mundo quiere invertir en minoría en la colapsada y muy cuestionada empresa eléctrica del Estado. Tenemos años escuchando en falso esa cantaleta. Ojalá que ahora sí sea cierta.
Pero, en el colmo del optimismo desbordante, Édgar Amador elogia el supuesto “saneamiento” de Pemex que se logró con un préstamo directo de las finanzas públicas y que le dio una mejor calificación crediticia. Que quede claro que, las mejores cifras, no fueron por eficiencia de la paraestatal, sino porque el gobierno de la Cuarta Transformación apostó con nuestros impuestos a quitarle parte de la deuda. Pero es el mismo Pemex colapsado al que la semana pasada, el gobierno de Donald Trump acaba de sacarle tarjeta amarilla por los muy atrasados adeudos millonarios a decenas de empresas norteamericanas.
De hecho, ayer domingo, el diario Reforma dio cuenta de la crisis operativa que se vive en Pemex, en donde la deuda es insostenible. Dice Édgar Amador que eso es herencia que les dejaron los gobiernos neoliberales. Falso. Absolutamente falso.
Al asumir la presidencia, en 2018, Andrés Manuel López Obrador recibió un Pemex con una deuda de 149 mil millones de pesos. Después de siete años de incompetentes y corruptas administraciones morenistas, la cifra casi se triplicó. Ya ronda los 434 mil millones de pesos. Eso está generando un quiebre estructural que tiene paralizada a la paraestatal que algún día fue el orgullo de México. Cuando exportaban arriba de dos millones de barriles de crudo diarios, no escasos 290 mil como apenas exportan ahora, después de tantas y tan fallidas inversiones.
Las refinerías y las plataformas marinas, los pozos petroleros y las plantas petroquímicas están sin mantenimiento. Y el sistema hospitalario para los trabajadores de Pemex está en estado de coma, sin medicamentos, sin capacidad de atención médica y sin insumos para atender lo más elemental.
Lo que no explica el Secretario de Hacienda es que “las mejores finanzas de Pemex” se dan en medio de una caída del 28.5 por ciento de los ingresos petroleros en los meses de enero y febrero de 2026, contra ese mismo bimestre de 2025. Si esos ingresos se desplomaron, ¿cómo es que existen mejores resultados? Elemental: el gasto de la paraestatal, que en los meses de enero y febrero de 2025 fue de casi 92 mil millones de pesos, este año apenas alcanzó los 21 mil millones de pesos. Es decir, le cortaron la inversión a la industria petrolera en un 78 por ciento. En pocas palabras, se cayó el ingreso y le metieron fuerte la tijera al gasto. La paralizaron. Eso es la muerte, no es un jolgorio. Es velorio. Es como si al jefe de la casa le bajan el sueldo un 30 por ciento y, al final, presume que le sobra dinero para ahorrar e irse de vacaciones porque aplicó la fórmula de no comer tres veces al día, sino solo una. Alguien terminará anémico.
Y faltan todavía por contabilizar los efectos nefastos del huachicol fiscal de Andy López Beltrán y su pandilla, y los del huachi-diésel de Manuel Bartlett, familia y secuaces. ¿Por qué el Secretario de Hacienda no presume que “el buen desempeño financiero” de Pemex obedece a que le cortaron de tajo el presupuesto? Ya veremos los efectos al cerrar el 2026.
Para colmo, y dentro de los efectos de la guerra en Irán, los petroprecios de los combustibles se fueron a las nubes. Pero, en México, no opera la ley de la oferta y la demanda. Para evitar la macro elevación en el precio de las gasolinas y el diésel que importamos, se les cancelaron los pagos del IEPS y el IVA. Eso aplica para el 65 por ciento del consumo nacional, lo que impactará severamente en la recaudación fiscal al cierre del primer trimestre. Y no se diga en el segundo.
Lo que Édgar Amador tendría que explicar hoy -más allá de lanzar las campanas del jolgorio al vuelo- es cómo va a enfrentar la caída del 8.8 por ciento del IVA entre el primer bimestre de 2025 y el mismo periodo de 2026. La explicación financiera oficial es que, por la revaluacion del dólar, que hace un año estaba en 20.5 pesos y ahora alcanza los 17.5 pesos, el IVA sobre las importaciones se desplomó. Entendible, pero ¿con qué se va a compensar ese resbalón?
La caída es más severa si se comparan febrero de 2026 con febrero de 2025. Ese desplome alcanza ya el 19.7 por ciento. Si a eso se le suma que el Impuesto sobre la Renta en febrero cayó 6.3 por ciento, las alertas rojas se van encendiendo con mayor intensidad. Sólo el IEPS -Impuesto Especial sobre Producción y Servicios- logró un incremento, en febrero, del 14 por ciento.
Por eso, a la hora de hacer el balance de febrero de 2026 contra 2025, se arroja una caída en la recaudación fiscal del 7.2 por ciento anualizada. Y para poder hacerle frente a semejante desplome en los ingresos sólo hay una salida: frenar el Gasto Público.
Y el tijeretazo en la inversión física del gobierno se desplomó a casi la mitad, en un 44.9 por ciento menos en el primer bimestre de 2026, contra el mismo periodo de 2025. El año pasado, esa inversión alcanzó los 152 mil millones de pesos. Este año, apenas superó los 87 mil millones de pesos. Y ese desplome en la inversión se resentirá en el neto total de la economía.
En pocas palabras, mientras que desde el balcón de la Secretaría de Hacienda en el Zócalo se ve jolgorio, desde abajo -a ras de la explanada- el pueblo ve pasar un velorio. Ya veremos cómo cierra fiscalmente el primer semestre, pero, sobre todo, cómo se las ingeniarán en la Secretaría de Hacienda para compensar tanta caída en ingresos fiscales sin elevar el déficit o someter a la actividad económica a una desaceleración que, con los factores externos fuera de control, puedan anticipar una recesión. Dejemos, por ahora a un lado, la música del jolgorio y, como en todo velorio, pongámonos a rezar.