Columna invitada

El nuevo canciller y la prueba de fuego con EU

Columnas

El relevo en la Cancillería ya está en marcha. Este miércoles se confirmó la salida de Juan Ramón de la Fuente de la Secretaría de Relaciones Exteriores y el ascenso de Roberto Velasco como nuevo titular. El cambio se da en uno de los momentos más delicados de la relación con Estados Unidos, cuando está en proceso la revisión del T-MEC y aumentan las presiones políticas y de seguridad desde Washington.

El perfil del nuevo canciller genera preguntas dentro y fuera del gobierno. Su ascenso en la 4T ha sido meteórico. Pasó de vocero de la Secretaría de Relaciones Exteriores, con Marcelo Ebrard, a asesor y luego a subsecretario para América del Norte. ¿Está justificado ese crecimiento? Entre algunos de sus cercanos y otrora impulsores la respuesta no es del todo afirmativa. Señalan que, si bien tiene habilidades políticas y de comunicación, le falta experiencia para una posición que exige oficio diplomático, redes consolidadas y capacidad de interlocución al más alto nivel.

Recientemente, Velasco se formó políticamente al lado de Ebrard. Fue su jefe de comunicación y uno de sus colaboradores más cercanos. Con el tiempo tomó distancia y construyó su propio espacio. No es un caso aislado. Mario Delgado fue su secretario de Finanzas en el gobierno de la Ciudad de México, su mano derecha, y hoy la relación está rota tras acusaciones de traición. El otro caso es el de Javier López Casarín, hoy alcalde en Álvaro Obregón, con quien no hay ruptura, pero sí un distanciamiento.



Ebrard suele incorporar a su equipo perfiles a los que les detecta potencial y que después desarrollan agenda propia y terminan operando con autonomía. Así ocurrió con Velasco. Ahora, en una paradoja política, ambos tendrán que hacer mancuerna para llevar la relación con Estados Unidos, incluida la compleja renovación del T-MEC, en la que Economía llevará la parte comercial y la Cancillería el frente político.

Ahí aparece el primer gran desafío. La relación con Washington no se resuelve solo en mesas técnicas. Requiere cabildeo fino, presencia constante y vínculos personales con quienes toman decisiones. De la Fuente tenía una ventaja, pues había construido una buena relación con el secretario de Estado, Marco Rubio, un activo relevante en un contexto de tensiones crecientes. La pregunta es si Velasco tiene ese nivel de interlocución o si tendrá que construirlo sobre la marcha.

¿Con quién habla hoy el nuevo canciller en Estados Unidos? Su contacto más visible es el embajador Ronald Johnson, con quien mantiene comunicación. Es un canal importante, pero insuficiente para una agenda que se juega en el Capitolio, en agencias de seguridad, en despachos de cabildeo y en los centros de pensamiento que influyen en la política exterior estadounidense.



Y hablando de embajadores, el que sigue apareciendo más como un lastre que como un activo es Esteban Moctezuma. En el gabinete sostienen que le opera directamente a la presidenta Sheinbaum en Washington, que lleva en privado los mensajes políticos y que cumple funciones estratégicas. La versión genera dudas. En la capital estadounidense no se le ve en los espacios donde se construye el cabildeo político. Su presencia es limitada en los círculos donde realmente se mueven las decisiones.

En realidad, tampoco había muchas opciones. Como se dice coloquialmente, la caballada estaba flaca. No abundan perfiles empapados de la relación con Estados Unidos que pudieran sustituir a De la Fuente, ni siquiera al propio Moctezuma. Uno de los nombres que se mencionó fue el de Diana Alarcón, excoordinadora de asesores y asuntos internacionales en el gobierno de la Ciudad de México y actual representante de México ante el Banco Mundial. Sin embargo, no terminó de cuadrar en el diseño político del gobierno.

Velasco es, en los hechos, una apuesta. Es un funcionario joven, de 38 años, que aprendió rápido en la administración pública. Tiene buen discurso, es articulado y ha buscado rodearse de exembajadores, internacionalistas expertos en la relación México-Estados Unidos, así como de empresarios con intereses en ambos países. También mantiene vínculos con sus antiguos contactos en Proméxico y ha intentado construir una base técnica para la negociación que viene.



Por ahora, vale la pena darle el beneficio de la duda. Pero en la relación con Estados Unidos no hay mucho margen para aprender. Y la prueba de fuego, para el nuevo y joven canciller, ya comenzó.

Posdata 1

Tal y como lo di a conocer este martes en este espacio, Rafael Marín Mollinedo dejó la Agencia Nacional de Aduanas para irse como delegado del gobierno a Yucatán y desde ahí construir su candidatura a Quintana Roo. Y se confirmó también que a la ANAM llegó Héctor Alonso Romero Gutiérrez, del grupo de Pepe Merino, para controlar el presupuesto y la tecnología en las aduanas. Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum dijo que no es un asunto político, el movimiento huele a pleito por la candidatura de Morena en Quintana Roo. Ya hubo un primer round entre Morena y el Verde por la reforma electoral y este apunta a ser el segundo.



La salida de Marín se da, además, en medio de los enormes retos que arrastra el sistema aduanero, particularmente el huachicol fiscal y las pérdidas millonarias por contrabando. El relevo se da, pues, en una coyuntura donde la presión por mejorar la recaudación y cerrar espacios a la evasión es creciente.

La llegada de Romero Gutiérrez confirma que José Antonio Peña Merino consolida el control de las aduanas a través del presupuesto y la tecnología. La apuesta es centralizar sistemas, digitalizar procesos y concentrar decisiones en su círculo cercano, lo que desplaza a otros grupos que históricamente habían tenido influencia en esa área estratégica.

Posdata 2



Se publicaron los Precriterios Generales de Política Económica 2027 de la Secretaría de Hacienda, con ajustes en las principales variables macro. Para 2026 se mantiene un rango de crecimiento del PIB de entre 1.8% y 2.8%, mientras que para 2027 se estima entre 1.9% y 2.9%. La inflación se proyecta en 3.7% al cierre de 2026 y en 3.0% para 2027, en línea con la meta del Banco de México, aunque con un entorno aún sujeto a presiones externas.

En tipo de cambio, Hacienda prevé un promedio de 18 pesos por dólar en 2026 y de 18.5 para 2027. La tasa de interés de referencia se ubicaría en 6.30% al cierre de 2026 y bajaría a 5.50% en 2027, lo que supone un ciclo de relajamiento monetario gradual. Las estimaciones reflejan un escenario de estabilidad macro, pero con un crecimiento todavía moderado frente a las necesidades de inversión y consumo.

El ajuste más relevante está en el precio del petróleo. Para 2026 se estima en 77.3 dólares por barril, mientras que para 2027 cae a 54.7 dólares, una reducción significativa que impacta directamente en los ingresos públicos. Este recorte obliga a un mayor control del gasto y anticipa presiones adicionales para las finanzas públicas en el mediano plazo.



Posdata 3

Sin querer —o queriendo, como diría el Chavo del ocho— la presidenta Claudia Sheinbaum de plano descalificó que al Estadio Azteca le hayan cambiado el nombre por el de un banco comercial (Banorte). Ayer en su conferencia matutina, la mandataria dijo que ella seguirá refiriéndose a este monumental estadio —que será tres veces mundialista— como el Azteca, porque así lo identifica la mayoría de la población.

Y es que si bien los derechos del nombre los adquirió el banco de la familia Hank por alrededor de 150 millones de dólares, recursos destinados a financiar la remodelación del inmueble rumbo al Mundial de 2026, y pese a que durante el torneo será denominado oficialmente “Estadio Ciudad de México”, el mensaje político es que el cambio de marca no necesariamente permea en la narrativa pública ni en el imaginario colectivo. A la presidenta no le convenció el nuevo nombre del recinto asociado a la institución cuyo eslogan dice que es “el banco fuerte de México”. Vaya raspón.



Por otro lado, la empresa Ollamani, que agrupa los activos del Estadio Azteca tras la reestructura de Grupo Televisa, ha venido apalancando la modernización del inmueble con financiamiento y operaciones en el mercado. Recientemente obtuvo un crédito por 468 millones de pesos con Banorte para cubrir impuestos relacionados con las obras, en paralelo al impulso bursátil que ha tenido su acción tras el anuncio de la reapertura del estadio ya remodelado.

Además, la estrategia contempla capitalizar el inmueble como un activo de entretenimiento global: desde partidos de la NFL —incluido el regreso de los 49ers— hasta el protagonismo en la inauguración del Mundial 2026. En ese contexto, el nombre “Estadio Banorte” forma parte de un paquete comercial y financiero de largo plazo. Pero, al menos por ahora, en Palacio Nacional y para buena parte del público, seguirá siendo el Azteca.

Mario Maldonado

Mario Maldonado es un periodista especializado en negocios, finanzas, economía y política, con colaboraciones en medios nacionales e internacionales. Escribe su columna en El Universal, dirige ELCEO.com y conduce en El Heraldo Radio y TV. Autor de Lozoya, el traidor, es una voz clave en el análisis económico y empresarial.

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