El médico José Antolín Montero Alpírez fue secuestrado el lunes. Los suyos, que habrían pagado el rescate de inmediato, lo velaron la noche del miércoles en la Funeraria de los Jubilados de Poza Rica, Veracruz.
De nuevo, el norte de Veracruz. “En el IMSS fue mi subdirector en el turno nocturno”, escribió Juan Dávila, un médico local. “Excelente cirujano y, en especial, tenía la virtud de la sonrisa, la amabilidad y el sentido del humor”.
La comunidad médica de Poza Rica, su Poza Rica, expresó: “Su paso por el mundo fue una luz de esperanza para muchos”. Una opinión que se repetía en cada nota e historia que iba encontrando sobre él.
Quienes fueron sus compañeros del Sanatorio Maternidad Lazcano coinciden en que era una persona invaluable. Lo mismo los del Hospital Regional de Poza Rica —que dirigió— y en la Unidad Quirúrgica Gervacio Aguilar.
El cadáver de don José fue abandonado en un terreno baldío de la ciudad. Lo torturaron antes de ejecutarlo.
Fuerzas federales y estatales llegaron al lugar, lo acordonaron, al parecer cumplieron las diligencias y dicen ahora que están investigando. Son las formas y tiempos de las autoridades frente a la velocidad y la brutalidad de los criminales que, en esa zona de México, siguen marcando la hora exacta.
Infierno, horror que alcanzó incluso al médico que tenía la virtud de la sonrisa. José Antolín Montero Alpírez será sepultado este Viernes de Pasión en el cementerio Jardines de Los Ángeles. Poza Rica.