La Cámara de Diputados acumuló 41 horas con 47 minutos de trabajo en el pleno entre el 11 de febrero y el 19 de marzo, de acuerdo con una revisión periodística. Esto representa un promedio cercano a tres horas por sesión, en un periodo en el que las reuniones se realizaron únicamente dos veces por semana.
Las sesiones del pleno corresponden al espacio en el que las y los diputados discuten, presentan posicionamientos y votan leyes, reformas o acuerdos, siendo el momento más visible de su actividad legislativa. Este periodo se desarrolla dentro del llamado periodo ordinario, etapa en la que el Congreso está formalmente en funciones; en el caso actual, corresponde al tramo de febrero a abril.
Fuera de estos periodos, el Congreso entra en receso y opera mediante la Comisión Permanente, un grupo reducido de legisladores que mantiene funciones mientras el pleno no sesiona de forma regular.
La difusión de estas cifras generó una amplia reacción en redes sociales, donde usuarios cuestionaron la carga real de trabajo de los legisladores, así como el tiempo que destinan a actividades fuera del pleno. Entre los comentarios, se señalaron dudas sobre qué realizan durante las horas no dedicadas a sesiones, además de críticas relacionadas con sus salarios en comparación con otros sectores laborales.
También se expresaron posturas que calificaron como insuficiente la duración de las sesiones y reclamaron mayor transparencia sobre las actividades legislativas fuera del recinto, mientras otros comentarios ironizaron sobre la posibilidad de ocupar un cargo legislativo bajo estas condiciones.
El periodo ordinario en curso contempla sesiones hasta abril, tras lo cual el Congreso entrará en receso y continuará sus funciones a través de la Comisión Permanente.
