La Secretaría de Hacienda respondió ayer con respeto y sobriedad a The Economist por su artículo La economía rota de México. Siete párrafos sin injurias, estridencias ni reflejos conspirativos. La revista criticó el débil crecimiento y el poco apetito privado por invertir: consecuencias de las políticas aplicadas desde 2018. La respuesta —que es la del gobierno de México— objeta, en primer lugar, las ausencias: el impacto de las decisiones arancelarias de Estados Unidos sobre los aranceles y las “fortalezas estructurales” alcanzadas por México en los últimos años —aumento al salario mínimo, reducción de la pobreza—. Califica de incompleto el análisis de The Economist en cuanto a la caída de la inversión pública y privada. Y subraya otra omisión relevante: los ajustes estructurales orientados a traer capital privado al sector energético, así como el incremento de la inversión pública en generación y transmisión eléctrica. “Los hechos no respaldan la narrativa de una ‘economía rota’”, concluye Hacienda, convencida de que México atraviesa un ciclo moldeado por los sobresaltos internacionales. Y que eso no significa un fracaso estructural y ha servido, por el contrario, para mostrar la resiliencia de la economía mexicana y profundizar ajustes para retomar el crecimiento. Una respuesta elegante, más allá de quién tenga más razón. El gobierno mexicano, al menos esta vez, enseña que sabe debatir.
Columna invitada