LAS SEÑALES de Donald Trump hacia México no pueden ser más claras. Su gobierno está dispuesto a negociar con dictaduras, como está ocurriendo con el caso de Cuba y su presidente, Miguel Díaz-Canel.
ESTA SEMANA, incluso levantó -aunque sea temporalmente- las sanciones en contra del petróleo exportado por Rusia, a pesar del disgusto que significa para las naciones europeas que apoyan a Ucrania en su guerra contra el régimen de Vladimir Putin.
PERO en el discurso trumpista hay algo en lo que no parece transigir: los asuntos del narcotráfico, que han elevado a la categoría de narcoterrorismo.
COMO dicen en España: “blanco y en botella”.
SOBRE todo porque se trata de un cuadro muy cercano al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, y porque, apenas dos semanas antes, durante su gira por Mazatlán, la presidenta Claudia Sheinbaum le dio un fuerte espaldarazo y le agradeció por su desempeño.
PUEDE que su salida tenga que ver con alguna amenaza o con un cambio de estrategia y no suena redundante decir que la zona de operación es altamente sensible. Pero quizás lo más raro del asunto es que el propio general secretario adelantó que el puesto será ocupado por otro militar en activo.
¿Y EL NUEVO secretario de Seguridad de Sinaloa no verá frenada su carrera militar por aceptar el cargo y luego acabará renunciando también? Es pregunta sin galones.
AL HABLAR sobre el Plan B de la reforma electoral promovida desde Palacio Nacional, dijo que esa iniciativa será impulsada “para que se les quite”.
FUERTES palabras para el funcionario que tiene como su principal tarea la interlocución y el diálogo con las diferentes fuerzas políticas de la CDMX.