El presidente Donald Trump y la presidenta Claudia Sheinbaum están hablando en dos idiomas diametralmente opuestos. Él habla en inglés pragmático frontal, ella en español ideológico evasivo.
Sólo bajo esa óptica puede entenderse la respuesta que la inquilina de Palacio Nacional le dio ayer, en la mañanera, a su homólogo norteamericano, quien el sábado acusó que México es el epicentro en el que operan a sus anchas los cárteles de la droga.
Y es que, a pesar de la violenta declaración del inquilino de la Casa Blanca, quien se burló de la mandataria mexicana imitando su voz para explicar cómo ella le pide que no se vaya contra los cárteles: “No, no, no, please president”, la respuesta en Palacio Nacional fue tibia, por decir lo más.
Lo que asoma en esta viral declaración del presidente Donald Trump es que la presidenta mexicana no desea enfrentar a los cárteles. Y eso sólo puede ser por una de dos razones: porque les teme o por complicidad.
Si lo que domina en ella es el temor, estamos perdidos. No existirá forma de convencerla de que las Fuerzas Armadas bajo sus órdenes le hagan frente a los capos y sus lugartenientes hasta acabar con ellos. Y aquí bien vale recordar aquella máxima impuesta por el inolvidable empresario Alejandro Martí, cuando en medio de la ola de violencia en el sexenio del panista de Felipe Calderón dijo: “Si no pueden, renuncien”.
Ahora que si la respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum de no atacar a los cárteles es por complicidad, peor aún. ¿De qué tamaño serán esos intereses para ni siquiera presentar una alternativa para someter a la Ley a los criminales que ya dominan el 40 por ciento del territorio mexicano y -con “Mencho” o sin “Mencho”- van por más?
La respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum, ayer en la mañanera, no dejó de ser el cliché que viene manejando siempre.
“Qué bueno que el presidente Trump dice públicamente que, cuando nos ha propuesto que entre el Ejército de Estados Unidos a México, hemos dicho que no. Porque es la verdad. Hemos dicho que no y orgullosamente seguimos diciendo que no”.
Y está bien que diga que no, pero no dice cómo sí, con la urgencia que el momento lo exige. Lo curioso es que la inquilina de Palacio Nacional no dice lo que ella y su gobierno vayan a hacer. Es entendible invocar la soberanía para impedir “que el extraño enemigo profane con sus plantas tu suelo”; pero la crisis ahí está y si el gobierno de la Cuarta Transformación sólo ha cedido territorio, dinero y poder a los grandes capos, el presidente del país vecino, al Norte, tiene todo el derecho a asumir su responsabilidad no sólo de la seguridad de su territorio y la defensa de la vida de sus ciudadanos, sino la protección de los 650 mil millones de dólares de intereses que peligran en un territorio dominado por la violencia y la extorsión del crimen organizado.
Y lejos de decir qué va a hacer ella para frenar a eso cárteles, se le ocurre en la mañanera de ayer, darle consejos al gobierno de los Estados Unidos tratando de ubicar todo el problema en el tráfico de armas hacia México.
“Creemos que hay algo en lo que nos puede ayudar mucho Estados Unidos. Que detenga el tráfico de armas ilegales de Estados Unidos a México, los grupos delincuenciales, la delincuencia organizada… Por lo menos el 75%, reconocido por el propio Departamento de Justicia de los Estados Unidos, viene de su país. Si se detiene la entrada de armas ilegales, estos grupos no tendrán armamento de alto poder para realizar sus actividades delincuenciales”.
¿De verdad cree la presidenta Claudia Sheinbaum que si se detiene el tráfico de armas de Estados Unidos hacia México, el problema de los cárteles se acaba? Claro que no. Las comprarían en Rusia, en China, en Alemania o con cualquier fabricante que opere en el “mercado negro” del planeta. Quizás por tener esa obsesión por las teorías de izquierda, los cuatroteístas no entienden las leyes de la oferta y la demanda.
Lo que los mexicanos hubiesen esperado en la respuesta de su presidenta al mandatario norteamericano es un “presidente Trump, respete nuestra soberanía y le vamos a demostrar en los hechos -de inmediato- que tenemos las capacidades para acabar con los cárteles”. Pero eso no lo puede prometer, porque ese crimen organizado lo dejó crecer descomunalmente su antecesor Andrés Manuel López Obrador. Y tampoco lo puede prometer, porque dejarían de fluir los dineros de los cárteles a las campañas electorales de Morena. ¿O no, Mario Delgado?
Existe, por supuesto, una tercera opción. Que la presidenta Claudia Sheinbaum prefiera callar frente a la casación burlona de Donald Trump porque alguien le tiene secuestrada su voluntad. Porque no tiene la libertad de decidir por ella misma lo que tiene que hacer, sin pensarlo dos veces.
Lo único cierto hoy es que, en Washington, la respuesta será calificada más allá de ser una postura tibia, mediocre. La política exterior de “soberanía con la cabeza fría” sólo les vendrá a ratificar que la jefa del Estado mexicano no tiene ni estrategia ni voluntad política para hacerle frente al mayor desafío de nuestro país y del continente en la época moderna. Y eso encenderá todavía más los ánimos del presidente Donald Trump y de sus nuevos aliados Escudo de las Américas -con Kristi Noem al frente- para decidirse a operar directo, militarmente, en suelo mexicano, contra los poderosos cárteles que son ya un Estado que somete al Estado legítimo que los mira impotente.
Por eso, el presidente Donald Trump y el Comando Norte del Pentágono, decidieron utilizar el camino verde olivo para capturar y presuntamente abatir a Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”. Porque en la acera del gobierno civil sólo vieron temores, complicidades, que hoy los tienen petrificados. Porque si tú no quieres o no puedes, ¿entonces, quién sí…? Esperemos el coletazo.