Siempre hay que tener presente que origen es destino.
Y el origen del Partido del Trabajo se remonta al sexenio de Carlos Salinas de Gortari, cuando por presiones de Raúl, su hermano incómodo, lo convenció de la necesidad de dividir a la izquierda que tantos problemas causó a ambos tras la fraudulenta elección de 1988.
Y en 1990 surgió el PT. El principal de sus impulsores fue Alberto El Beto Anaya, quien luego de haber invadido la Loma Larga de Monterrey con precaristas, migró a La Laguna para poner en práctica su ideología maoísta en la organización campesina Política Popular. En uno de esos ejidos coahuilenses trabó amistad, al parecer duradera, con los Salinas de Gortari.
A Anaya le acompañaron en la fundación de ese partido satélite –y salinista, subrayo— Gonzalo Yáñez, María Guadalupe Rodríguez, Pedro Vázquez González y Ricardo Cantú Garza.
Provenían del Frente Popular «Tierra y Libertad» (FPTyL) de Monterrey, los Comités de Defensa Popular de Chihuahua (CDPCH) y Durango (CDPD), el Frente Popular de Lucha de Zacatecas (FPLZ), así como personas procedentes del movimiento magisterial independiente, de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA), la Coordinadora Nacional Plan de Ayala (CNPA), la Coordinadora Nacional del Movimiento Urbano Popular (CONAMUP), Uniones de Colonos e Inquilinos Solicitantes de Vivienda (UCSISV) de Veracruz y del Distrito Federal (ahora Ciudad de México), de acuerdo con la propia página petista en la internet.
En las elecciones federales de México de 1994, el Partido del Trabajo consolidó su registro nacional al obtener el cuarto lugar en la votación, con el 2.82% de los sufragios. Postuló a Cecilia Soto como candidata presidencial, destacando por una campaña propia en lugar de aliarse con la izquierda tradicional (PRD), logrando un repunte significativo que lo colocó a la cabeza de los partidos minoritarios.
Sin los Salinas en el poder perdió impulso por lo que tuvo la imperiosa necesidad de aliarse a otras franquicias políticas, a conveniencia.
¿Se rompió el pacto?
La enésima derrota legislativa de Claudia Sheinbaum, interpósita persona de Andrés Manuel López Obrador, registrada este miércoles en el Senado de la República, al no resultar aprobada su iniciativa de reformar el Artículo 35 constitucional, ¿obedece acaso a la ruptura del pacto que AMLO estableció con sus antecesores, exceptuando a Felipe Calderón quien se ha convertido en blanco de todas sus iras?
Escasamente mencionados en las matinés obradoristas del sexenio anterior, como tampoco en las mentiñeras de la señora Sheinbaum, parecería que las reales motivaciones de El Beto Anaya para frenar el adelanto de la revocación de mandato al 2027 –para hacerlo coincidir con las elecciones federales y estatales, lo que reforzaría las campañas de los candidatos de Morena–, parecería que los Salinas Brothers han recuperado bríos políticos para hacer frente al régimen de Cuarta…
Y en política, como decía don Jesús Reyes Heroles, “lo que parece, es”.
El susodicho pacto “de protección” de AMLO con los exmandatarios y, con su silencio –Ernesto Zedillo excepcionalmente, porque se ha atrevido a hablar y a escribir sus opiniones de la 4T– ha frenado acciones legales reales en su contra.
Una de las razones es que el régimen de Cuarta…, en realidad, es una simulación en el que se mantienen prácticas de gobiernos pasados. Las decisiones de AMLO y de doña Claudia, mantienen y ahora hasta amplían la centralización del poder que fue característica de las administraciones federales del PRI y del PAN. E, igual que tricolores y albicelestes, han extendido el clientelismo electoral a cambio de dádivas ahora bautizadas de un supuesto Bienestar.
Ese pacto, sobra decirlo, existe con sectores empresariales y políticos para asegurar la estabilidad del régimen cuatrotero, como se lo comenté en la entrega anterior, toda vez que ha hecho ultrarricos a quienes Carlos Salinas ya había convertido en magnates.
¿Se rompió el pacto AMLO – CSG?
Claudia Sheinbaum paga el pa(c)to?
Indicios
En la mentiñera posterior a que se hiciera pública la derrota de Sheinbaum en el Senado y, por consiguiente, en San Lázaro, ella continuó ganándose las simpatías de las dirigencias del PT y del PVEM, por cierto también creado en el salinato por aquello del “espíritu de Houston” que dio pie al TLC. Doña Claudia reiteró por enésima ocasión que ambas rémoras sepultaron la revocación de mandato porque tenían el temor de perder votos si ella aparecía en la boleta en 2027. ¡Uy, que miedo! * * * Quedo verdaderamente reconocido con usted que leyó este texto. Le deseo, como siempre, ¡buenas gracias y muchos, muchos días!