Columna invitada

Más papistas que los Castro

Columnas

Andrés Manuel López Obrador rompió su silencio en su casa de La Chingada, no para felicitar a quien lo merezca por la captura y presunto abatimiento de Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”. Tampoco salió de su guarida para darle el pésame a las familias de los militares y guardias civiles que perdieron la vida en ese operativo. Nada de eso.

El presidente de facto de México -el que envía desde Palenque órdenes y regaños a Palacio Nacional- rompió sus reglas de no hablar para salir en defensa de Cuba. Y anunció, en medio de su “profundo dolor”, que creaba una cuenta bancaria para que los mexicanos depositaran ayuda económica para apoyar al pueblo cubano que agoniza por el fracaso de su sistema comunista.

La petición de Andrés Manuel López Obrador fue recibida en medio de una controversia nacional que le reclama al antecesor de la presidenta Claudia Sheinbaum -quien ya apoyó esa iniciativa- que ambos están siendo candil de la calle y oscuridad en su casa. Las carencias en México son aún interminables y lo que el líder moral de Morena pide es quitarse el pan de la boca para darlo a una nación gobernada por una dictadura de 66 años. ¿Por qué no recaudar para los abandonados niños con cáncer o para apoyar a las madres buscadoras, por citar sólo dos ejemplos?



Pero la reacción norteamericana no se hizo esperar y el embajador de Estados Unidos, Ron Johnson, escribió en sus redes sociales de X: “Parafraseando al secretario de Estado, Marco Rubio, la mejor forma de ayudar al pueblo cubano es empoderándolo, no al régimen que los ha oprimido durante décadas”. Y esa es una verdad de a kilo.

Si Cuba está en la precaria condición económica obedece al absoluto fracaso del régimen socialista impuesto por Fidel Castro y continuado por su hermano Raúl Castro, con el apoyo de la entonces Unión Soviética. Cero libertades -ni políticas ni económicas- control absoluto de la libertad de expresión y secuestro de facto de los cubanos que sí quieren abandonar la Isla, tienen que hacerlo bajo su riesgo, en balsa, o abiertamente como detractores de esa prisión que ahora tanto defienden Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum.

Desde que triunfó la llamada Revolución Cubana, que se decía promovería la democracia y el bienestar de la Isla, han emigrado 2 millones de cubanos, 1.3 millones de ellos viven en Estados Unidos. Permanecen en la Isla 9.7 millones. Es decir, dos de cada diez cubanos lograron escapar del yugo y el infierno fabricado por los Castro y sus socios soviéticos, que luego los abandonaron a su suerte.



Pero esos días están por terminar. Miguel Díaz-Canel, el presidente fachada impuesto por el sobreviviente Raúl Castro, ya anunció que están negociando abiertamente con los Estados Unidos levantar el embargo y apoyos alimenticios, energéticos y económicos. Buscan con ello sacar a Cuba y a sus sufridos ciudadanos de la oscuridad y la parálisis en la que están por falta de combustibles. El gobierno de Díaz-Canel negocia que se puedan abrir las puertas para recibir los alimentos que el régimen socialista es incapaz de producir, para darles lo más elemental a cualquiera de sus ciudadanos: comida para no morir.

Y aquí la pregunta obligada es: si el gobierno de Cuba ya está admitiendo el desastre de su sistema y si está sentado a la mesa del Departamento de Estado norteamericano con el nieto de Raúl Castro, en la antesala de firmar un acuerdo con el presidente Donald Trump, ¿qué diablos están haciendo Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum navegando a contracorriente, defendiendo a Cuba en los momentos en que su gobierno ya está reconociendo que el sistema comunista al que tanto veneraron los acabó por hundir en la miseria? ¿No sería a Rusia o a China a quien debería recurrir el presidente Díaz-Canel? No, es al gobierno de los Estados Unidos.

El cambio de régimen es inevitable y dudamos que los cubanos vivan el drama de “festejar” el próximo 26 de julio el aniversario 67 de la revolución que llevó a Fidel Castro al poder. Una promesa democrática que acabó en un infierno dictatorial, de pesadilla para los cubanos que sobreviven en esa Isla.



Si el debilitado y hundido gobierno cubano ya está negociando su armisticio con Estados Unidos, ¿en calidad de qué Andrés Manuel López Obrador y la presidenta Claudia Sheinbaum salen a promover una “ayuda humanitaria” para darle respiración “boca a boca” a un régimen que agoniza y que ya lo aceptó así?

Si de verdad Andrés Manuel López Obrador quiere abultar la cuenta en favor de Cuba que abrió con tanta facilidad del SAT -que debe de dar el visto bueno para ese tipo de cuentas de ayuda- lo que debería es hacer una lista de donadores VIP de Morena.

Pedirle, por ejemplo, a su hijo Andy López Beltrán -y a su cómplice Daniel Asaf- que cedan el 10 por ciento de sus utilidades traficando con el huachicol fiscal a través de Pemex.



O exigirle a Manuel Bartlett y familia que aporten un 10 por ciento de las utilidades del contrabando de huachi-diésel con el que arruinaron el sistema eléctrico nacional.

El inquilino de Palenque podría solicitarle a Mario Delgado, actual secretario de Educación, otro 10 por ciento de sus ganancias con los manejos que él y el difunto Sergio Carmona hicieron de mover los dineros de ese huachicol fiscal a las campañas electorales de Morena en 22 estados y en la elección presidencial de 2024.

También podría Andrés Manuel López Obrador pedirle a su hijo Gonzalo López Beltrán y a los cuates de sus hijos -con Amílcar Olán al frente- otro 10 por ciento de los miles de millones de las ganancias del tráfico de balastro para el Tren Maya y el Interoceánico, que ya están depositadas en cuentas europeas.



Ni qué decir de extenderle la mano a Adán Augusto López, el jefe supremo de “La Barredora”, quien podría ceder también el 10 por ciento de las utilidades que le dejó su subalterno Hernán Bermúdez Requena, al operar de la mano del crimen organizado.

O podría el ex presidente decirle a su chico favorito, a Jesús Ramírez, que retire de sus cuentas el 10 por ciento de los “aprovechamientos” de la impresión multimillonaria del periódico Regeneración, pagada con nuestros impuestos o de los dineros que en su momento recibió del difunto Sergio Carmona.

En pocas palabras, si a Andrés Manuel López Obrador y a la presidenta Claudia Sheinbaum les duele la inminente extinción de la Cuba de los Castro, que tanto idolatran y buscan preservar con sus “generosos donativos”, ¿por qué no se van a vivir allá, a disfrutar de ese “paraíso” que tanto aman, antes de que se publique la esquela del régimen que colapsó? Ni hablar, nos resultaron más papistas que los Castro.

Ramón Alberto Garza

Ramón Alberto Garza García es un periodista mexicano, actual editorialista del sitio Código Magenta. Garza fundó el periódico Reporte Índigo, fungió como vicepresidente de Televisa y presidente de Editorial Televisa y director editorial de los diarios Reforma y El Universal.​

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