Véanse los rostros de las tres figuras. Irradian satisfacción por la misión cumplida: orgullo, victoria. Dos de ellos —los pequeños— hicieron creer en el largo marzo que estaban lastimados por el proyecto y no transigirían. El tercero —el poderoso— lanzaba zarpazos al aire y traía a los cachorros de regreso al cubil.
¿Cuánto de los desencuentros en el oficialismo por los planes A y B de la reforma electoral de la presidenta Sheinbaum fue realidad y cuánto farsa? ¿Simulaciones dentro de simulaciones?
Hago la pregunta porque el desenlace no toca a los plurinominales, no tijeretea el financiamiento a los partidos y no montó la consulta de revocación presidencial el día D de 2027.
Entonces, ¿qué celebran juntos, felices, los líderes del PT, Morena y Verde: Anaya, Mier, Velasco? ¿Qué transformaron? ¿A quién derrotaron? ¿De qué se salvaron? “Es una buena noticia para el pueblo de México”, me dice la presidenta de Morena, Luisa María Alcalde.
¡Buena noticia para el pueblo de México! Sí, insiste: “Entramos en el camino de acabar con los privilegios y fortalecer la democracia”, asegura. ¡En serio! Sí, insiste. “Porque, además, quedan en el debate público varios temas que ya quedaron instalados”, afirma.
Misión cumplida, pues. Lo lograron. Allá algunos de nosotros a quienes la reforma nos deja en donde estábamos. Y en medio de la nada.