Durante 40 años el matrimonio formado por Jacques y Natasha Gelman integró una de las colecciones privadas de arte más espectaculares del mundo: la sección mexicana abarcaba 95 obras de 18 artistas, entre los que estaban Rivera, Kahlo, Orozco, Soriano, Siqueiros, Zárraga, Mérida, Toledo, Izquierdo y Gerzo.
Jacques Gelman fue el exitoso productor de 35 películas de Cantinflas, pero nunca hablaba de estas. De lo que hablaba a todo mundo era de la colección que Natasha y él persiguieron a lo largo de cuatro continentes. Una colección única: 10 pinturas de Kahlo, 9 de Rivera, 5 de Tamayo, 5 de Orozco, 39 de Gunther Gerzo…
Al morir, Natasha estipuló en su testamento que la colección no podría ser dividida y que tendría que ser expuesta en un museo privado de México.
El albacea, que no heredero de la colección, fue el experto en arte y amigo personal de la pareja Robert Littman, quien, para cumplir con la orden de exhibirla, llegó a un acuerdo con Costco y levantó en Cuernavaca el Museo Muros.
Desde la muerte de Natasha se desató un feroz jaloneo por la posesión de la millonaria colección. Un primo lejano, que no aparecía en el testamento, inició un litigio de la mano del oscuro abogado Enrique Fuentes León, involucrado en la liberación del llamado Chacal de Acapulco -a cambio de la cual sobornó con medio millón de pesos al magistrado de la Suprema Corte, Ernesto Díaz Infante.
Por otra parte, el hijo de Cantinflas inició un litigio por la posesión de 85 obras de arte europeo (Picasso, Kandinsky, Balthus, Modigliani…) que Natasha había donado al MET de Nueva York.
Natasha había dejado una herencia de 10 mil dólares a un medio hermano que no fue localizado. Sin embargo, Díaz de León sí lo localizó y le compró sus derechos por 20 mil dólares. Con esa cesión en la mano el abogado fue por todo: inició un juicio sucesorio para que Littman fuera eliminado como albacea. Una cuestionada jueza de lo familiar le concedió la petición.
La respuesta de Littman consistió en sacar en secreto la colección y esconderla en algún sitio que solo él y, según personas enteradas, la curadora de arte Magda Carranza conocían.
Dos décadas después, 36 piezas de la colección Gelman aparecieron en una subasta de la casa Sotheby’s. Quedó probado que, contra la voluntad de Natasha Gelman, registrada ante el notario público 103, Armando Gálvez Pérez Aragón, la colección se había dispersado y, escribió Adriana Malvido en estas páginas, “ante los ojos del mundo y de las autoridades culturales de este país, se ofrecían al mejor postor 35 de sus piezas, incluidas varias con declaratoria de Monumento Artístico”.
Relata Malvido que la venta de la colección por parte de Littman a empresarios regiomontanos no fue informada por el gobierno de México, sino por el director de El Faro Santander, Daniel Vega, quien comunicó que el acervo –al que se ha estimado en 500 millones de dólares y reapareció con el nombre de Colección Gelman Santander-, había sido adquirido por un miembro de la familia Zambrano en 2023, “con el apoyo y la intervención” de la Secretaría de Cultura (la que encabezó Alejandra Frausto) y el INBAL, y dijo que la colección tendría en El Faro Santander una “presencia permanente pero dinámica”.
Vega sostuvo que las licencias de exportación temporal podrían extenderse por decisión del INBAL, “y que la legislación puede aplicarse con flexibilidad”.
Circuló más tarde la noticia de que Santander España había adquirido la colección, con la finalidad de trasladarla a aquel país. De hecho, como cuenta Malvido, una de las invitaciones a la inauguración de la muestra Relatos Modernos, en la que parte fue exhibida, decía textualmente: “Grupo Santander tiene el honor de invitarle a la presentación de Relatos Modernos, obras emblemáticas de la colección Gelman Santander, con motivo de la reciente adquisición por parte de la Fundación Santander España”.
Santander replicó en un comunicado que solo había establecido un acuerdo “para la gestión de la Colección Gelman Santander mediante el cual la Fundación estará a cargo de la preservación, estudio, cuidado y exhibición temporal de este emblemático acervo de arte mexicano en reconocidos museos alrededor del mundo”.
Más de un centenar de profesionales del arte expresaron su consternación ante la violación de la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicas, ya que 30 de estas obras cuentan con declaratoria de Monumento Artístico.
“Nos parece preocupante la falta de transparencia que la Secretaría de Cultura y el INBAL han mantenido alrededor de los acuerdos”, expresaron. En una carta pública, recordaron que la salida de las obras de Kahlo, por ejemplo, deberían hacerse constar en escrituras públicas.
Consultada en la mañanera, la presidenta Sheinbaum dijo como siempre que no estaba informada, que ya había pedido información a la secretaria de Cultura, y agregó: “nuestro deseo es que (la colección) se quede en México”.
A INBAL no parece haberle llegado esta línea. Emitió un comunicado para declarar que la salida de las obras se autoriza de manera temporal, que aquellas que cuentan con declaratoria de Monumento Artístico están debidamente registradas, que la participación de Santander se limita a cuestiones de “gestión” sin que este acuerdo modifique la propiedad de las obras.
Lo cierto es que más de la mitad de la colección viajara al edificio Pereda de Santander, aunque las preguntas principales siguen sin respuesta: ¿cuándo pasó Littman de albacea a propietario? ¿Dónde está el resto de la colección? ¿Cuántas de las obras fueron vendidas?
Y sobre todo, ¿por qué se traicionó la voluntad notariada de Natasha Gelman?
R0b0s, saque0s, pis0te0s a la ley, etc; todo, provoicado por tinterill0s huizacher0s impunes, con un narc0g0biern0 inept0, c0mplice y pehdhej0. Esto es México, donde ni las obras de arte, se salvan de la tranza