En política mexicana hay rituales que no están escritos en la Constitución, pero se cumplen con precisión casi religiosa. Uno de ellos ocurre entre el segundo y el tercer año del nuevo gobierno: el sucesor empieza a marcar distancia con el antecesor. No lo hace con trompetas ni con discursos encendidos. Lo hace con bisturí.
La filtración sobre los financistas de la precampaña de Adán Augusto López podría ser el primer corte.
Porque el asunto no es menor. En los comprobantes de gastos aparece el empresario Fernando Paniagua Garduño, quien aportó 189 mil pesos para nueve asambleas del tabasqueño durante su recorrido nacional en 2023. Hasta ahí todo parecería un trámite administrativo más. Pero el hilo comienza a jalarse y aparecen los nudos.
Paniagua fue socio de Humberto Bermúdez Requena en una constructora fundada en Villahermosa hace más de dos décadas. Y Humberto es hermano de Hernán Bermúdez Requena, el exjefe policiaco tabasqueño vinculado con el grupo criminal La Barredora y hoy preso en el penal del Altiplano.
Demasiadas coincidencias para un país donde las coincidencias casi siempre son otra cosa. Y en vísperas de la votación de la Reforma Electoral.
El árbol genealógico del dinero también conecta con la política. El hermano del financista, Rafael Paniagua Garduño, fue nombrado director de la Junta Estatal de Caminos por Adán Augusto cuando gobernaba Tabasco. Y, curiosamente, en ese mismo gabinete terminaría incorporándose Hernán Bermúdez como secretario de Seguridad.
Es decir: negocios, gobierno y seguridad pública orbitando alrededor del mismo pequeño sistema solar.
Nada de esto prueba delito alguno para el exsecretario de Gobernación. Pero en política la culpa rara vez se define en los tribunales; se define en el terreno de las percepciones. Y cuando aparece la palabra narco en la misma oración que financiamiento político, la percepción se vuelve dinamita.
Hay otro dato incómodo: el equipo de Adán Augusto reportó al INE gastos por 3.5 millones de pesos en su precampaña. Sin embargo, la Unidad Técnica de Fiscalización estimó que el gasto real rondó los 26 millones.
Una diferencia de siete veces.
En cualquier otro sexenio esto habría sido un escándalo mayúsculo. En el México de la Cuarta Transformación dependerá de algo más importante: la voluntad política.
Y aquí aparece la pregunta de fondo.
¿Quién permitió que esta historia saliera a la luz?
Porque en el sistema político mexicano las filtraciones nunca son inocentes. Son mensajes. Avisos. Advertencias.
Claudia Sheinbaum inicia la etapa natural de cualquier presidencia: la construcción de su propio poder. El presidente saliente suele creer que su influencia durará para siempre. La historia demuestra lo contrario.
A todos les llega la hora de soltar el timón.
El ritual es viejo. Lo vivió Carlos Salinas con Miguel de la Madrid. Lo vivió Ernesto Zedillo con Salinas. Y lo padecieron varios más que creyeron haber construido imperios sexenales.
El poder en México es profundamente ingrato.
Hoy el foco está sobre uno de los hombres más cercanos a López Obrador durante años. Un operador clave, un político disciplinado y uno de los aspirantes presidenciales del movimiento.
Si el bisturí sigue avanzando, no será el último nombre en aparecer.
Porque cuando comienza la cirugía del poder, casi siempre termina en amputaciones.
Y apenas vamos en el primer corte.