Hay políticos que hacen carrera. Y hay otros que hacen historia… aunque sea en voz baja.
Víctor Hugo Celaya pertenece a esa rara especie que no necesita reflectores para moverse. Más bien, parece sentirse cómodo en la penumbra, donde se cocinan las decisiones que luego otros presumen en conferencias de prensa.
Hoy reaparece con un nombramiento peculiar: Defensor de México en Sonora por el PRI. Cargo discreto. Operación silenciosa. Reuniones privadas. Círculos cerrados. Nada de reflectores. Nada de precampañas disfrazadas. Nada de selfies.
Nada… pero todo.
Porque en política, el que no hace ruido, suele estar afinando la orquesta.
Y aquí entra la banda sonora.
La ruta de Celaya bien podría explicarse con una sola canción: My Way, inmortalizada por Frank Sinatra.
“No es lo que dicen, es cómo lo hacen”.
Celaya ya estuvo ahí. No es improvisado. Fue diputado federal. Presidió la Comisión de Asuntos Fronterizos en San Lázaro. Caminó los pasillos del poder cuando muchos de los actuales apenas aprendían a pronunciar “política pública”.
En los años 80 fue visto como proyecto nacional. No local. Nacional.
Y eso no se borra. Se archiva.
Como esos expedientes que un día vuelven a abrirse.
“He vivido una vida plena… viajé cada carretera”.
Celaya no necesita presentarse. Ya estuvo en el mapa grande. Lo que hoy intenta —porque sí, esto es un intento— es reinterpretarse en tiempos donde la política dejó de ser ideología para convertirse en algoritmo.
Y ahí está el detalle: experiencia con un toque de innovación.
Raro.
Pero necesario.
Porque mientras unos gritan en plazas y otros se desangran en redes sociales, él apuesta por el viejo método: estructura, operación y lealtades.
A la antigua.
“A mi manera”.
La instrucción es clara: organizar, escuchar, reagrupar… pero sin que se note.
Como si el PRI estuviera aprendiendo a caminar otra vez, pero en calcetines.
Sin hacer ruido.
En un estado donde la política se ha vuelto estridente —y a veces hasta vulgar—, la apuesta por la discreción parece contracultural.
O desesperada.
O inteligente.
Depende del cristal… y del resultado.
“Y más, mucho más que esto… lo hice a mi manera”.
La pregunta es inevitable: ¿esto es un regreso o un ensayo?
Porque en política nada es casual. Y menos cuando se trata de figuras que ya probaron el poder.
¿Está Celaya construyendo una candidatura?
¿O simplemente está cumpliendo una última misión dentro de un partido que intenta sobrevivir?
El PRI en Sonora no está para experimentos… pero tampoco para nostalgias.
Y ahí es donde entra el bisturí.
Porque si algo ha demostrado la política sonorense es que el pasado pesa… pero no siempre alcanza.
Como bien se ha visto en otras historias recientes —donde los viejos operadores intentan reacomodarse en un tablero que ya cambió—, la experiencia puede ser virtud… o lastre .
Celaya camina en esa línea delgada.
“No tuve arrepentimientos… o muy pocos que mencionar”.
El problema no es el pasado.
El problema es el presente.
Y sobre todo, el futuro.
Porque mientras él organiza reuniones privadas, otros ya están en campaña permanente.
Mientras él construye hacia adentro, otros ya conquistaron hacia afuera.
Y en política, el silencio es elegante… pero no siempre rentable.
Así que la pregunta queda abierta, como la última nota de Sinatra:
¿Será Víctor Hugo Celaya candidato a gobernador de Sonora?
El tiempo —ese viejo juez sin partido— tendrá la última palabra.
Por lo pronto, él ya eligió el soundtrack.
Y sí, lo está haciendo…
A su manera.