La ciudadanía no está creyéndose las cifras que repite incansablemente la presidenta. La metralla de números y gráficas de que el país es muchísimo más seguro no está logrando su objetivo.
Como por arte de magia, en dos meses las desapariciones del país bajaron 37%. Eso marcan los datos oficiales. ¡En dos meses! No es la realidad, es una “depuración” de las cifras. Desde hace un año en estas Historias de Reportero (12 de febrero, “Una verdad, una mentira y una evidencia”) documenté que las propias cifras oficiales evidenciaban un aumento asombroso en el número de personas desaparecidas: “En la mañanera presumen que hay una reducción del 24% en los homicidios dolosos de 2018 a 2025. No dicen que las desapariciones subieron 122% en el mismo periodo. ¿No le suena a farsa?”.
A los pocos días, la presidenta contestó. Dijo que abordaría en marzo el tema de las desapariciones. Aseguró que no estaban escondiendo asesinatos como desapariciones. Casi se cumple un año y no lo ha hecho. No ha explicado por qué el aumento exponencial de personas desaparecidas no localizadas. Le ha ido dando largas.
En la mañanera de ayer dijo que ahora sí, ya no pasa de este mes sin que llegue la varias veces prometida explicación. Con lo que declaró ayer, podemos adelantar por donde viene la cosa: la presidenta dijo que la plataforma oficial donde se expone el número de personas desaparecidas tiene problemas, que hay muchos registros sin información completa (faltan apellidos, días, lugares) y anunció que se trabaja en una depuración. O sea, ¡los van a rasurar! Corrijo: ya empezaron a rasurar a los desaparecidos.
Si uno revisa hoy los datos de la plataforma de la Comisión Nacional de Búsqueda encontrará que la reducción de casos de desapariciones en los últimos 2 meses es asombrosa: de noviembre de 2025 a enero de 2026 hay una disminución del 37%. No hay que ser adivinos para saber que por ahí vendrá la maroma.
En síntesis, en dos meses alinearon la cifra de homicidios con la de desapariciones. Ayer la presidenta presumió que los homicidios han bajado 42% en su gobierno. La de desapariciones ya aparece que bajó 37%.
Ya nomás les falta alinear una cosa: la percepción de la gente.
Porque la encuesta del propio gobierno, la del Inegi, muestra que durante el casi año y medio de Sheinbaum en el poder, la gente se siente cada vez más insegura en la ciudad donde vive. El aumento del miedo ha sido sistemático. Es decir, la ciudadanía no está creyéndose las cifras que repite incansablemente la presidenta en la mañanera. La metralla de números y gráficas que buscan convencer a los mexicanos de que el país es muchísimo más seguro no está logrando su objetivo.
Difícil modular la percepción cuando los casos de violencia son cada vez más escandalosos: desaparecidos por racimos, asesinatos de a diez en diez, delitos cometidos en sitios cada vez más cotidianos: los que estaban jugando futbol y los ametrallaron, los que rentaron unos racers y desaparecieron, los mineros que estaban chambeando y aparecieron en narcofosas, el chavo que se paró al baño y nunca se volvió a saber de él. Además, están los narcopolíticos. Y ahí la presidenta no se ayuda porque en vez de dar un manotazo de autoridad, ha frenado investigaciones, garantizado retiros dorados y ofrecido puentes de plata a los criminales de su partido.
La narc0presirienta pelele, tapand0 a crimhinales de su narc0partid0.; hace historia como vil y vulgar còmplice de narc0mat0nes.