Columna invitada

Vallarta se levanta bajo el fantasma del Mencho

Columnas

Bajarte del avión y encontrar un aeropuerto semivacío, después de un vuelo que no llegó ni a la mitad de su capacidad de pasajeros, es la primer señal de que en Puerto Vallarta los ecos de la violencia narca que se vivió el domingo 22 de febrero aún resuenan en este paradisiaco destino del Pacífico mexicano.

Una salida inusualmente rápida de la terminal aérea; cero filas para rentar un auto es la siguiente muestra de que, aunque los vallartenses mantienen su calidez y su trato amable y abierto hacia el turista, algo raro aún se siente en el ambiente de los 25 grados que nos reciben el miércoles por la noche.

Vallarta vive todavía su “temporada alta” que comenzó en diciembre y termina hasta finales de marzo, con miles de turistas de Estados Unidos y Canadá que abarrotan hoteles, posadas y condominios en busca del calor vallartense y huyendo del frío invernal de sus ciudades de origen. Muchos “gringos” pensionados, canadienses también, que el pasado domingo asistieron azorados y asustados al terror de la violencia que tomó las calles y avenidas de este puerto y obligó a todos, los lugareños y los visitantes, a resguardarse por el miedo de quedar atrapados en un fuego cruzado.



“Sí se puso feo, todos estábamos asustados, los que somos de aquí y los turistas. Mucha gente se quedó varada el lunes por la cancelación de los vuelos y tuvieron que negociar con sus hoteles o condominios para que les dieran un par de días más”, nos cuenta Mario, taxista del aeropuerto que asegura que “ya pasó eso, todo está tranquilo, nomás quedó la sensación, pero ya se puede salir sin problema”.

El turismo mexicano, de por sí escaso en esta época, se ahuyentó todavía más tras las imágenes que le dieron la vuelta al país y al mundo con un Vallarta agitado e incendiado por la violencia. Las huellas que dejó la “gente del Mencho” en su virulenta reacción tras la caída del capo aún se pueden ver en las zonas turísticas. Tiendas de conveniencia quemadas, farmacias atacadas y hasta locales comerciales que tienen las huellas del incendio y las cortinas abajo, son el recordatorio que turistas y locales quieren olvidar y pasan sin voltear mientras reanudan la fiesta.

Las playas llenas, bajo el sol de mediodía, intentan alejar con su bullicio y su algarabía el ruido de sirenas, helicópteros y disparos que resonaron por todo el pueblo durante todo el domingo. Música a todo volumen y voces en inglés y en español que piden otra margarita, mientras ríen a carcajadas, parecen querer conjurar al fantasma de la violencia que se apoderó de este lugar de calles empedradas.



Por todo el pueblo se sigue comentando lo ocurrido. “¿Estaba aquí el domingo?”, pregunta Carlos, mesero que narra asustado cómo tuvieron que cerrar el restaurante donde trabaja en pleno centro. “N’ombre Jefe, nosotros estábamos ya en servicio cuando se soltó el desmadre. Empezaron a pasar las camionetas tirando bala y prendiendo fuego a los Oxxos y a la Farmacia Guadalajara. Cerramos el restaurante y todos nos tiramos al piso porque se oía el desmadre de los sicarios que pasaban mentando madres y gritando pendejadas; en cuestión de 20 minutos el centro se quedó desierto”, dice todavía con el miedo en los ojos el joven mesero.

Pero el Mencho no se fue del todo de este puerto que se convirtió en su feudo y su mejor lavadero del dinero millonario de las drogas, algo que se aprecia claramente en los edificios de departamentos que aparecen de pronto y de la nada por sus calles empedradas, como si fueran hongos, en todo el centro de Vallarta. Torres de apartamentos que se yerguen donde antes hubo casas de teja habitadas por antiguos pescadores o por gente sencilla del puerto.

Es tal el boom inmobiliario y la destrucción de la arquitectura local que permite la corrupción municipal y estatal y los millonarios intereses de los desarrolladores, que lo que antes era un pueblito pintoresco y tradicional, que enamoró a Elizabeth Taylor y Richard Burton cuando llegaron aquí en 1964, junto a John Houston, para filmar “La Noche de la Iguana”, hoy se está convirtiendo aceleradamente en una copia de Miami, donde la gentrificación arrasa lo que queda del estilo vallartense y encarece cada vez más la vida y las viviendas en toda la zona céntrica.



En la Playa de Los Muertos, donde la fiesta sigue exorcizando los demonios de la violencia narca, un chico que viene caminando con habilidad sobre la arena caliente se acerca a los turistas y bajo la sombra de la palapa suelta sin tapujos: “Algo para la fiesta, amigo, tenemos lo que gustes”, dice mientras se toca la nariz para que quede claro que puede suministrar lo que el cliente le pida.

En la Zona Romántica el turismo gay hierve también en esta temporada y cuando cae la noche los bares y antros de esta zona y de todo Vallarta se llenan de fiesta y vuelven a aparecer los vendedores de drogas en las calles, eso sí un poco más discretos de lo que solían ser antes de la caída de su jefe, porque entonces se movían sin preocupación por las calles ofreciendo droga al mejor postor: “¿Qué quieres, amigo? Traigo coca, tusi, pastillas, mota, ¡lo que quieras para divertirte!”, preguntaban a los turistas sin pudor alguno y a la vista de las patrullas de la policía que parecían protegerlos.

“Ya pasó jefe, fue nomás cosa de un día. Aquí sigue la maña con todo, no se han ido. Mataron al Mencho y eso les encabronó pero ya se están reagrupando y no crea que van a soltar la plaza. Vallarta es una mina de oro para ellos, ¿cómo cree que la van a dejar para que vengan otros y se la apropien? Aquí andan rondando, ahorita no se asoman mucho, pero espérese unos días y todo volverá a ser como antes”, nos dice un chofer que baja a un grupo de turistas en un antro del Malecón, donde la noche corre a la velocidad de la música y de la droga.



Y así Puerto Vallarta vuelve poco a poco a su normalidad, una normalidad que incluye la presencia del narcotráfico que sigue enraizado en este destino turístico, aunque en estos momentos se volvió más discreta y reservada. El Mencho se fue a donde quiera que vayan las almas de los criminales, pero su fantasma sigue rondando Vallarta y todo Jalisco y seguro también en los otros 22 estados donde su muerte desató a los demonios de la violencia.

Se detienen los dados. Nos tocó Doble Escalera para despedir a febrero y sus demonios. Relajación y descanso para los amables lectores.

Salvador García Soto

Salvador García Soto es periodista y analista político, autor de la columna Serpientes y Escaleras en El Universal. Conduce A la 1 en Heraldo Radio y es comentarista en Televisa, destacándose por su visión crítica y su profundo análisis de la actualidad.

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