Belgrave Square es una plazoleta histórica del siglo XIX, en Londres. Está rodeada de mansiones señoriales que albergan embajadas y residencias diplomáticas de distintos países. Es considerado uno de los puntos más prestigiosos en la capital de Inglaterra. En el número 48 está la residencia de la embajada de México, conocida como “La Casa México”. Edificada en 1826, mismo año en que el Reino Unido reconoció a México como país independiente, se convirtió en un símbolo vivo de los colores, la cultura y la recepción social de nuestro país. Hasta que llegó Josefa González Blanco y se tomó esto último muy en serio.
A las pocas semanas de su nombramiento, dado por López Obrador en febrero de 2021, pero asumido dos meses más tarde, comenzaron las fiestas eternas. Para elaborar esta columna hablé con extrabajadores y funcionarios que relataron lo sucedido. Al principio, contrataban a personal de apoyo para las recepciones en la residencia, pero poco a poco el presupuesto se agotó. El desorden y caos cayó en manos de los cuatro empleados históricos: un mayordomo, una cocinera, una persona de limpieza y una mucama encargada del cuarto de la embajadora, quienes al principio fueron pacientes, pero luego terminaron por reventar.
La residencia era un bar. Vasos tirados por el piso, colillas de cigarro a pesar de la prohibición. Tal como marcaba el protocolo, el mayordomo apagaba poco a poco las luces para retirar a los invitados y dejar de suministrar alcohol. Nunca funcionó. Al contrario. Eso le costó un hostigamiento laboral y terminó por dejar el puesto, según las fuentes.
Ni la exembajadora ni su mano derecha Fernando Gutiérrez Champion, principal beneficiario de las fiestas para él y sus más cercanos, hablaban con esos cuatro empleados de la residencia. Ni siquiera para agradecerles por las molestias. A este último, ella lo sacó de la Secretaría de Medio Ambiente para llevarlo a Londres y le otorgó el cargo de ministro, uno de los más altos rangos en el Servicio Exterior Mexicano, a pesar de su nula experiencia.
En esa residencia, González Blanco alojó al hijo menor de López Obrador para que luego continuara un viaje a India. Y como despachaba desde ahí, porque no le gustaba visitar la oficina, canceló todas las reuniones programadas para esa fecha con tal de mantener al huésped VIP sin molestias.
Las fiestas provocaron las quejas de vecinos de prestigio de la residencia y lo mismo sucedió con la embajada. Dados los antecedentes en un círculo tan pequeño, comenzaron los problemas para renegociar la renta de ambos puntos y esa es la granada que encontrará Alejandro Gertz Manero.
Tanto la embajada, ubicada en Mayfair, como la residencia de Belgrave Square, están en riesgo. La primera tiene un contrato vencido y dada la mala reputación, los propietarios solicitaron la propiedad. Antes tenía una cláusula especial de privilegio, misma que desapareció en diciembre. La segunda tenía un contrato de operación de 100 años, que vence este año, con cláusulas quinquenales de revisión. La más reciente entró en operación el año pasado.
A ver si el nuevo embajador no tiene que hacer las maletas pronto otra vez.
Otra más, de los pi0j0s resucitad0s del narc0partid0 m0rena. Mientras los pehndhej0s los sigan eligiendo, ellos seguirán r0band0 y reventánd0se en sus 0rgías…a costa del contribuyente mexicano. Que p0ca mhadre de vivid0res