Luego del descarrilamiento ocurrido el 28 de diciembre en el Tren Interoceánico, el gobierno de México alista la adquisición de trenes de pasajeros con tecnología más avanzada, con el objetivo de garantizar la seguridad de los usuarios y evitar accidentes asociados al uso de unidades antiguas, reutilizadas y con equipos obsoletos.
Documentos oficiales sobre las especificaciones técnicas y funcionales de los trenes que se adquirirán para los tramos México-Pachuca, México-Querétaro, Querétaro-Irapuato y Saltillo-Nuevo Laredo, a los que tuvo acceso el portal EMEEQUIS, revelan que las nuevas unidades contarán con mayor capacidad tecnológica y sistemas de protección integral. De acuerdo con la Agencia Reguladora del Transporte Ferroviario (ARTF), los trenes incorporarán ERTMS (European Rail Traffic Management System), un estándar europeo de señalización, control de velocidad y protección automática, y tendrán una vida útil estimada de 30 años.
El accidente del Ferrocarril del Istmo de Tehuantepec dejó un saldo de 14 personas fallecidas y decenas de heridos. En diversos medios se documentó que el conductor no contaba con información precisa sobre la velocidad, entre otras deficiencias técnicas de las unidades.
En contraste, en contratos previos como el FIT-GARMOP-ADQ-16-25, firmado con Locomotoras San Luis S.A. de C.V., se adquirieron locomotoras y vagones con más de 30 años de fabricación, que fueron actualizados o reconstruidos. Entre ellos se encuentran locomotoras SD70M y SD70MAC de carga, fabricadas a partir de 1992 y 1993, así como locomotoras F59PHI de pasajeros, producidas entre 1994 y 2001.
Ahora, las nuevas especificaciones exigen que los trenes cuenten con deflectores de obstáculos bajos, conocidos como “quitarreses”, para reducir el riesgo de descarrilamiento, así como espacios de supervivencia que protejan tanto a pasajeros como al personal de conducción en caso de colisión. Las estructuras de las cajas y cabinas deberán permanecer indeformables durante la actuación de los sistemas de absorción de energía.
También se solicitó la incorporación de sistemas que eviten el empotramiento y el atropellamiento entre coches, cuya eficacia deberá demostrarse mediante simulaciones o ensayos, además de garantizar que los pasillos de intercomunicación no obstruyan las vías de escape tras un impacto.
En materia de control y operación, cada tren deberá contar con sistemas de registro continuo de eventos ferroviarios, capaces de almacenar datos críticos durante al menos ocho días, con memoria no volátil y respaldo automático. Asimismo, deberán mantener comunicación constante con la base.
La ARTF precisó que la infraestructura ferroviaria cuenta con ERTMS Nivel 1 en el tramo Buenavista-Cuautitlán y Nivel 2 en el resto de las rutas, por lo que los trenes deberán transitar entre ambos niveles y se favorecerá que estén equipados con ETCS/ERTMS Nivel 1 y Nivel 2.
Se contempla la adquisición de una flota inicial de 47 trenes, de los cuales 33 serán de largo itinerario y 14 de corto itinerario. Los trenes de corto recorrido tendrán una capacidad aproximada de 700 pasajeros, mientras que los de largo itinerario deberán contar con al menos 265 asientos.
La velocidad máxima de operación será de al menos 160 kilómetros por hora, aunque se valorarán propuestas cercanas a los 200 km/h, y las unidades deberán operar en curvas de radio reducido, incluso de 145 metros, a baja velocidad, sin afectar su desempeño dinámico.
Finalmente, los documentos contemplan la gestión de la obsolescencia de piezas, sistemas electrónicos y software durante la vida útil de los trenes, con la disponibilidad de refacciones por al menos 10 años tras la entrega de la última unidad.
Tras el descarrilamiento, los nuevos trenes que prevé adquirir el gobierno federal, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, incorporarán mayor tecnología y estándares internacionales de seguridad para evitar accidentes como el ocurrido en el Istmo de Tehuantepec.
