Columna invitada

Scherer, ¿testigo colaborador en Estados Unidos?

Columnas

Julio Scherer lanzó una bomba. No una de estruendo inmediato, sino una de temporizador que va para largo. Ni venganza ni perdón no es un libro de coyuntura ni un ajuste de cuentas. Es algo más inquietante: un mapa. Una ruta de navegación para entender los entresijos, las tolerancias y las colaboraciones del poder de la 4T con el crimen organizado.

Hay libros que se escriben para el público. Y hay otros que se escriben para cuando llega el citatorio. El de Scherer pertenece claramente a la segunda categoría.

Por eso no es un texto de autopromoción ni de revancha personal ni de reciclaje político. No hay giras mediáticas ni entrevistas explosivas ni escándalos prefabricados. Hay algo mucho más frío y eficaz: un expediente narrado. Un registro. Un “yo estuve ahí” escrito con la precisión de quien sabe que cada palabra puede pesar después.



El libro no busca convencer al lector mexicano. Parece, más bien, diseñado para resultar útil fuera de México. En particular, para Estados Unidos.

No afirmo que Julio Scherer sea hoy testigo colaborador. Lo que planteo —y aquí está el núcleo de mi columna— es que el escenario es plausible, funcional y lógicamente impecable. Tan impecable que resulta incómodo para muchos.

Scherer ocupó una posición irrepetible: la Consejería Jurídica de la Presidencia durante el régimen de López Obrador. El lugar donde no hay actas, pero sí memoria. Donde no quedan registros formales, pero se toman las decisiones que luego nadie firma. Ahí pasó todo lo que no ocurre en la mañanera. Ahí confluyeron empresarios, militares, fiscales, gobernadores, ministros y operadores políticos. Ahí se decidió qué sí se perseguía… y qué no.



Si Estados Unidos quisiera entender cómo operó el poder real en México durante la 4T, Scherer no sería una fuente más: sería el mapa.

Mapa del financiamiento político, de los pactos de gobernabilidad territorial, de las tolerancias selectivas. Mapas de decisiones de no persecución. De rutas del narcotráfico, del huachicol, de intermediarios y flujos.

A Washington no le interesan —jamás le han interesado— los relatos morales o las épicas nacionales. Le interesa la información operativa.



Por eso, el libro no se queda en México. No está pensado para el debate local entre “traidor” y “resentido”.

Mientras aquí se discute si Scherer “habla mal” de la 4T, del otro lado la pregunta sería infinitamente más simple: qué sabe, cómo lo sabe y a quién implica.

En el texto aparecen —con mayor o menor claridad— gobernadores y exgobernadores de Guerrero, Sinaloa, Tamaulipas, Baja California y Michoacán. También figuras centrales del régimen: Jesús Ramírez Cuevas, Mario Delgado, Alejandro Gertz Manero. Personajes ya conocidos, pero ahora narrados desde dentro. No como denuncia judicial, sino como advertencia implícita.



No es casual que desde el Senado —escuchen al impresentable y cada día más desacreditado Gerardo Fernández Noroña— se exija su encarcelamiento, mientras desde otros espacios se revisan nerviosamente posibles financiamientos de campañas estatales que podrían —o no— aparecer en futuras declaraciones, anexos o expedientes.

Julio Scherer encaja, además, en el patrón clásico del “testigo útil”: Primero fue aislado del círculo de poder. Luego vinieron los ataques desde la Fiscalía, la de Gertz Manero. Después, las filtraciones, los expedientes, las sospechas. El mensaje fue transparente: sabemos lo que sabes.

Sorpresa: él también sabe lo que saben. Y algo más importante: sabe lo que hicieron.



Por eso su silencio actual no es defensivo, es estratégico. El que se defiende habla de más. El que va a declarar mide cada palabra… incluso las que escribe. Un libro, no entrevistas. Un texto, no un mitin. Scherer espera. Sabe esperar.

Estados Unidos no necesita fabricar villanos al estilo García Luna. No busca mártires ni chivos expiatorios. Busca testigos funcionales. Personas que expliquen cómo operó un sistema completo. En ese sentido, Scherer no sería el acusado ideal. Sería el testigo perfecto.

Morena aparece en Ni venganza ni perdón no solo como partido, sino como sistema: gobiernos estatales, fiscalías, fuerzas armadas, la política de “abrazos” convertida en doctrina operativa. La logística completa de un régimen que decidió administrar la violencia —y aliarse a quienes la provocan—, en lugar de combatirla.



La pregunta, entonces, ya no es si Julio Scherer quiere hablar. La pregunta es quién necesita desesperadamente que no hable.

Tal vez Julio Scherer nunca sea testigo colaborador en Estados Unidos. Tal vez.

Pero Ni venganza ni perdón ya cumple la función esencial: dejar constancia de que hay memoria, estructura y nombres.



En México se discute si Scherer es traidor. En Washington, si algún día lo llaman, discutirán algo más simple: qué sabe, cómo lo sabe y cuánto vale.

Y cuando el poder empieza a temblar no es porque alguien habló, sino porque alguien podría hacerlo.

Por eso, en ese aspecto, el libro deja de ser literatura y se convierte en seguro de vida.



Giro de la Perinola

-Mientras en México se discute si el libro de Scherer “exagera”, en Estados Unidos ya no leen libros: leen patrones.

-Y el patrón es claro: gobernadores intocables, fiscales ciegos, rutas protegidas y una política de “abrazos” que funcionó como cobertura operativa, no como humanismo tropical.

-Si mañana Washington decide que México dejó de ser socio confiable en materia de seguridad, no empezará por los discursos ni por los presidentes. Empezará por quien pueda explicar el engranaje completo sin sentimentalismos.



-Ahí es donde Ni venganza ni perdón deja de ser memoria personal y se convierte en manual de uso.

No para el lector mexicano. Para el investigador extranjero.

-Y entonces la perinola gira distinto: no gana el que grita “traición”, pierde el que creyó que nadie estaba tomando nota.



-Por cierto, ¿Scherer sigue viviendo en México o ya radica en Estados Unidos?

Verónica Malo Guzmán

Verónica Malo Guzmán es politóloga, consultora política y columnista de opinión. Miembro de International Women’s Forum, destaca por su análisis crítico y su experiencia en temas de política y sociedad.

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