Muy loable que los hombres cúpula del sector privado estén acudiendo al llamado del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum para buscar enderezar el débil rumbo de la economía.
Y que -una vez más- se anuncie en la conferencia mañanera que se está empujando un paquete de 5.6 billones de pesos en inversiones públicas y privadas del 2026 al 2030, que son los años que le restan al actual gobierno.
Pero, todas esas buenas intenciones, se topan con una cruda realidad: México no tiene -ni tendrá en el corto plazo- la energía eléctrica suficiente para hacerle frente a ese plan de expansión en infraestructura y en nuevas empresas. La Secretaría de Energía y la Comisión Federal de Electricidad están dormidas y sin un liderazgo de altura que le haga frente al enorme reto de poner a México al día en su demanda energética.
El mundo está viviendo una revolución con la emergencia de la Inteligencia Artificial que demanda enormes consumos de energía eléctrica. Aún Estados Unidos -con todos sus recursos y todo su potencial- la tiene cuesta arriba para cubrir una demanda casi inmediata que China sí vio venir hace tres años y que ya tiene todo listo para despegar lo que las nuevas tecnologías exigen. En México, ni soñando.
Lo que es más dramático aún. En nuestro país no existe el suministro eléctrico suficiente para hacerle frente a lo que el aparato productivo actual demanda. Menos existe la capacidad para crecer bajo los optimistas planes que presenta el gobierno de la Cuarta Transformación.
Actualmente, existen restricciones físicas de capacidad de infraestructura eléctrica para satisfacer los requerimientos de demanda para la industria, que se ha hecho crítica en algunas regiones del país. Ese es el caso de estados como los del Bajío, como Chihuahua, así como las penínsulas de Baja California y Yucatán.
La falta de capacidad de generación en el estado de Yucatán, por ejemplo, tiene detenido el proyecto “Renacimiento Maya”, que el gobernador de ese estado está tratado de impulsar inútilmente.
Esos nuevos parques industriales en la península yucateca se construyeron bajo la promesa de que tendrían garantizado el suministro eléctrico cuando fueran terminados en marzo de este año. Estamos a unas semanas de que el plazo nos alcance y la CFE no puede comprometerse a darles el servicio.
El drama radica en que, de acuerdo al contrato de construcción, si no existiera el suministro eléctrico para cuando fueran terminados esos parques industriales, en donde se instalarían empresas nacionales y extranjeras, el gobierno de Yucatán se comprometía a cubrir el costo total de la inversión que nacería “muerta” por carecer del suministro eléctrico. La realidad es que, tanto la península de Yucatán como la de Baja California, tienen dos años viviendo una crisis recurrente de apagones porque no hay electricidad suficiente para surtir los mínimos de la demanda actual que exigen empresas, comercios y casas habitacionales.
En el sexenio de Andrés Manuel López Obrador se invirtieron más de 4 mil millones de dólares para construir cuatro plantas generadoras de gran calado, que en el papel resolverían el problema. Hoy, esas nuevas plantas generadoras están paralizadas o semiparalizadas, porque fueron diseñadas para consumir gas natural limpio y las echaron a volar con gas asociado -sucio- o con diésel, lo que las dañó severamente. Su reparación tardará meses. Y el plan de emergencia que exigió un desembolso extra de 300 millones de dólares, también falló.
Pero este triste panorama, plagado de ineficiencia y contaminado con la corrupción que generaron Manuel Bartlett y familia al frente de la CFE -y que todavía persiste- no es exclusivo de las penínsulas. Conforme se acerque el verano veremos -en pleno Mundial FIFA 2026- que los apagones serán el pan nuestro de cada día en todo el territorio nacional.
Por eso decimos que no podemos echar las campanas al vuelo con el Plan de Inversión en Infraestructura para el Desarrollo con Bienestar 2026-2030. Nadie con capital privado aceptará venirse a invertir su dinero en un país que no les puede garantizar el mínimo suministro de energía.
Dirán que por ello, de los 5.6 billones de pesos de inversión anunciada el martes pasado, el 54.15 por ciento está destinada al sector de energía -Pemex y CFE- y qué bueno. Pero con la burocracia existente y los tiempos necesarios para construir plantas generadoras, si todo marchara sobre ruedas, los resultados se verían en un mínimo de tres a cinco años. Eso si se inician los proyectos mañana mismo. Y sabemos que como se las gasta el gobierno de la Cuarta Transformación, esos tiempos son imposibles.
Y para acabar de cerrar el círculo perverso, se busca que el capital privado que entre a apuntalar la lista de mil 500 proyectos de inversión acepte entrar en condiciones de socio minoritario, con una abierta rectoría mayoritaria del Estado, como si viviéramos los mejores días del estatismo de Luis Echeverría, cuando hoy el continente entero está en un proceso de reconversión para darle paso libre a los grandes capitales que buscan tierras fértiles para florecer. Y hoy México, con su falta de energía, con sus reglas estadistas y con su autocracias en los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, es el último lugar del mundo a donde los capitales quieren venir. Sólo la vecindad con Estados Unidos nos mantiene como una sólida ventaja competitiva.
Sería bueno que los grandes capitanes de empresa que, de buena fe están al frente de este optimista plan de inversiones, obliguen a la presidenta Claudia Sheinbaum a poner los pies en la tierra. Si no lo hacen, será otro sexenio perdido, como lo fue el del presidente Andrés Manuel López Obrador que anunció, en cuatro ocasiones, proyectos de mega inversiones que se quedaron en el tintero. Y los pocos que avanzaron -que fueron los caprichos del AIFA, el Tren Maya y Dos Bocas- son hoy uno de los peores lastres financieros por sus enormes pérdidas que estamos obligados a subsidiar.
Lo dicho: no se pueden plantear soluciones para grandes inversiones de libre mercado, exigiendo que todas se sometan a control del Estado. Y lo que es todavía peor, lastres sin acceso a la energía para iniciar operaciones.