Columna Atalaya

Nos mienten

Atalaya
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  • Nos mienten con las cifras.
    Nos mienten con la seguridad.

    La muerte de Nemesio Oseguera se vendió como un golpe quirúrgico. Operativo impecable. Resultado contundente. Control absoluto. Eso dicen los comunicados. Eso repiten los noticieros.

    Pero en Guadalajara lo que se vivió fue otra cosa. Dos días de encierro real. Calles vacías. Negocios cerrados. Helicópteros sobrevolando. Bloqueos y fuego. Sirenas que no paraban. El youtuber Gafe423, exintegrante de fuerzas especiales y testigo en campo, describió un ambiente peor que en pandemia, con presencia mínima de los supuestos 2,500 elementos que, según la versión oficial, habían sido desplegados.



    Y luego, de pronto, todo se apagó.

    Dos días.

    Nada más.



    Hoy Jalisco está en “relativa normalidad”. Tiendas abiertas. Tráfico habitual. Gente trabajando. Como si no hubiera ardido medio estado horas antes. Como si once entidades no hubieran registrado violencia casi simultánea. Como si no existiera un vacío de poder dentro de una de las organizaciones criminales más grandes del mundo.

    ¿En serio eso es normal?

    Si el golpe fue tan grande, si el líder cayó, si había tensión interna desde hace un año por la sucesión, como el propio Gafe explica en su análisis, ¿cómo se estabiliza todo en 48 horas? ¿Cómo se apaga un incendio estructural con un simple comunicado?



    Parece montaje.

    El miedo fue real. El silencio en las calles fue real. Los enfrentamientos fueron reales. Pero la vuelta exprés a la normalidad luce artificial. Forzada. Como si alguien hubiera bajado el interruptor del caos con demasiada facilidad.

    Y mientras tanto, nos venden cifras. Veintitantas bajas. Número cerrado. Pulcro. Administrado. Pero los videos que circularon muestran otra dimensión. Y Gafe lo dijo sin rodeos: cuenten los cuerpos. Hagan la suma. No cuadra.



    Nos mienten con el número porque el número es narrativa. Si son pocos, el operativo fue exitoso. Si son muchos, fue un desastre.

    También nos piden comprar la escena del general con la voz quebrada. El discurso sensible. La pausa medida. La lágrima apenas contenida. Una postal perfecta para la televisión.

    Quienes estuvieron dentro del Ejército saben que ese tipo de exhibición no es la norma. No funciona así. Gafe lo dijo claro: eso no pasa de esa manera. Y lo dice alguien que carga secuelas reales de una operación fallida, años atrás, cuando intentaron capturar al mismo objetivo que hoy supuestamente abatieron.



    En ese intento, asegura, “El Mencho” no era un fugitivo improvisado. Se movía con docenas de vehículos blindados y escoltas integradas por exsoldados de fuerzas especiales de Colombia, Nicaragua, Estados Unidos y otros países. Esa era la guardia personal del criminal más buscado. Un aparato profesional, entrenado para la guerra.

    Por eso la escena actual suena tan pulida. Porque cuando conoces el tamaño del blindaje que lo protegía antes, cuesta creer que ahora todo haya sido tan simple.

    Entonces, ¿qué vimos con las lágrimas del General Secretario? ¿Dolor genuino o control de daños?



    ¿Por qué lloraría quien dio la orden, quien sabía perfectamente que habría bajas desde el momento en que decidió no avisar con claridad a los soldados a qué se enfrentaban, quien autorizó enviar a los elementos con equipo básico, con fallas en el armamento, sin blindaje suficiente, prácticamente a pecho descubierto a una guerra que sabían que no sería menor? Si conocían el calibre del enemigo y el nivel de fuego al que se iban a enfrentar, entonces las pérdidas no fueron sorpresa, fueron consecuencia prevista, y eso convierte las lágrimas en algo menos conmovedor y mucho más incómodo.

    Faltan poco más de cien días para el Mundial. Se supone que el país está listo. Blindado. Garantizado. ¿Garantizado cómo? Si un solo operativo paraliza once estados durante horas. Si la reacción en la segunda ciudad más importante del país es encierro total por 48 horas.

    ¿De verdad el mensaje es que todo está bajo control?



    La rapidez con la que volvió la “normalidad” no tranquiliza. Inquieta. Porque una de dos: o la estructura criminal es tan disciplinada que pudo replegarse en horas, o hubo acuerdos que no se cuentan en conferencia.

    Nos mienten con el tamaño del golpe.
    Nos mienten con las cifras.
    Nos mienten con la seguridad.

    Y ahora quieren que aceptemos que dos días bastaron para resolver lo que durante años fue un problema estructural.



    La pregunta no es si todo volvió a la normalidad.
    La pregunta es qué tan real es esa normalidad.

    Juan Luis Parra

    Juan Luis Parra es licenciado en Mercadotecnia, diseñador web y programador con más de 8 años de experiencia. Director de SonoraPresente y fundador de AgenciaSP, actualmente lidera proyectos de publicidad y diseño en varias industrias. juanluis@sonorapresente.com

    2 comentarios

    1. jorge sánchez rios

      añado, recuerden el mitin en el zocalo capitalino, no entraron muchachos cubiertos e hicieron el desorden y culparon a los manifestantes, es lo mismo.


    De Hermosillo, Sonora

    Para todo el mundo.

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