Narcocracia.- País donde los cárteles de la droga dirigen la política
o tienen una gran influencia sobre la misma. Sinónimos de narcocracia es narcoestado.
“La Colombia de los años 80 fue un claro ejemplo de narcocracia”.
Si alguien quiere asomarse a las entrañas de la narcocracia que Morena y sus gobiernos de la Cuarta Transformación gestaron en los últimos 7 años, que revise el expediente político-criminal del municipio de Tequila, en Jalisco.
Ahí el gobierno federal, morenista, con el Secretario de Seguridad Omar García Harfuch al frente, acaban de asestar un golpe mortal al capturar al alcalde -también morenista- de esa emblemática entidad, cuyo nombre -Tequila- es leído, entendido y saboreado por igual en todo el planeta. Es un tema escalable y discutible a nivel mundial.
Y en esa región con denominación de origen de la más mexicana de las bebidas espirituosas, el munícipe Diego Rivera despachaba como cártel político al servicio del Cártel Jalisco Nueva Generación, extorsionando entre otros a los productores de tequila -grandes, medianos y pequeños- y cobrándoles cuotas multimillonarias, sólo por derecho de paso y derecho de piso.
Ese alcalde es el prototípico narcócrata de Morena, quien sin la más mínima preparación, carente de educación y principios, y graduado en las más elevadas artes de la corrupción, fue instalado en esa posición de poder nada más y nada menos que por quien él mismo admite que es su “jefe”, Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, el jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Y su ascenso al poder también vino apadrinado por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien en plena campaña del 2024 le grabó un spot alentando a los ciudadanos de Tequila a apoyar al “honesto” rufián.
Es el mismo narcócrata morenista que, en mayo de 2025, patrocinó una burda apología del delito en un concierto del grupo Los Alegres del Barranco, en el que no sólo se entonaron corridos para ensalzar las hazañas de los capos, sino que se exhibieron enormes imágenes en pantallas gigantes honrando a su jefe, “El Mencho”.
Poco o nada hizo entonces el gobierno de la Cuarta Transformación para castigar al narco alcalde, quien venía de ocupar posiciones en otros ayuntamientos de Jalisco, en donde desplegó una enorme estela de corrupción y demostró su proclividad para pactar con los criminales, al mismo tiempo que cobraba millones de pesos cada semana por “derecho de piso” a comerciantes, restaurantes y negocios. De acuerdo a sus “decires”, el narcócrata morenista Diego Rivera le compartía 40 millones de pesos anuales a su jefe “El Mencho” para que sus hombres lo dejaran recolectar libremente los derechos de paso y de piso en Tequila. Si esa era “la comisión”, ¿de qué tamaño serían los cobros?
En pocas palabras, el narcócrata morenista sirviendo de alfombra para proteger los apetitos criminales de su jefe “El Mencho” y al mismo tiempo saciar su obsesión por robar el dinero del pueblo y del Erario. Toda una confirmación del Narco Estado del Bienestar en el que vivimos, y cuya existencia tanto se niega en las conferencias mañaneras.
El alcalde morenista Diego Rivera se sentía tan intocable, que tuvo el cinismo de citar en dos ocasiones a los productores de tequila para exigirles el pago de fuertes sumas de dinero y dejarlos operar en paz. Se habla de montos de 60 millones de pesos, otros de hasta 200 millones.
Pero como algunos de los consorcios tequileros son operados por organizaciones internacionales que cotizan en la Bolsa de Valores -tanto de México como de Estados Unidos- la ley los obliga no sólo a rechazar cualquier ilícito, sino a denunciar a quien se los pretende cobrar. Por eso aprehendieron también, en Tequila, al jefe del Catastro y el Predial. Porque para sacarle la vuelta al pago en efectivo los amenazaba con elevarles brutalmente el impuesto predial. Es decir, pagaban sí o sí.
Por eso, al gobierno de la Cuarta Transformación ya no le quedó otra salida que capturar al narcócrata Diego Rivera -y qué bueno que lo hicieron- y denunciarlo junto con sus compinches de Seguridad, del Catastro y del Predial, así como el de Obras Públicas. Porque, incluso, el delincuente alcalde morenista se apropió del Museo del Tequila, construido con aportaciones privadas, para convertirlo en su casa y despacho en donde atendía a quienes obsequiosos iban a cumplir con el pago de su derecho de piso.
Pero lo que hoy se evidenció en Tequila, Jalisco, no es ningún garbanzo de a libra. Narco alcaldes siempre han existido, con el PRI y con el PAN. Pero con Morena ya parecen estar enfilándose a ser la regla. Un recuento del Grupo Reforma revela que, de 2018 a 2025, son 25 los narcócratas que fueron aprehendidos por sus vínculos con el crimen organizado. De esos, ocho son de Morena, cuatro son de Movimiento Ciudadano, cuatro del PRI, tres del PRD, uno del PAN, otro del Partido Verde y uno más del PT.
Hoy, la narcocracia cabalga a todo galope. Por lo menos una veintena de municipios en Michoacán, Tabasco, Jalisco, Veracruz, Chiapas, Puebla y el Estado de México tienen ayuntamientos narcócratas a los que se le tiene que rendir pleitesía económica, si no se quiere ser molestado. Y al que lo dude que pregunte incluso por municipios tan fifís, pero gobernados por alcaldes morenistas, como Valle de Bravo, en el Estado de México.
La enorme disyuntiva que tiene hoy el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum es decidir si acepta o no que el narcócrata de Diego Rivera sea extraditado a los Estados Unidos -sede de algunas de esas corporaciones tequileras extorsionadas- para que se siente frente a los servicios de inteligencia a contar todo lo que sabe de las relaciones del Cártel Jalisco Nueva Generaciones y los gobiernos de la Cuarta Transformación.
En los momentos en que se debate si México es o no un narcoestado -que lo es- el escándalo de Tequila, Jalisco, sólo viene a poner la muestra del “modus operandi” que canjeó los balazos por abrazos.
Ojalá que, por el bien de México y para recuperar la libertad de emprender, de transitar por esos sitios turísticos, de recuperar la actividad económica disminuida por la inseguridad, la Secretaría de Seguridad Ciudadana continúe desarticulando a esas bandas de políticos que llegaron al poder, gracias al padrinazgo de los capos del narcotráfico, que hoy les exigen no sólo protección para sus ilícitos, sino la devolución de todo lo que les “invirtieron” para que se sentaran en una silla que jamás les perteneció, que se las compraron y que ahora la están pagando en “abonos” a costa de la tranquilidad social.