Columna Bisturí

Mundial bajo amenaza

Bisturí

La escena es de película. La presidenta Claudia Sheinbaum en gira por Coahuila, sin blindajes extraordinarios, rodeada de simpatizantes que buscan la selfie redentora, cuando el teléfono irrumpe con la noticia: cayó Nemesio Oseguera Cervantes. Y casi al mismo tiempo, ardían más de 30 sucursales del Banco del Bienestar.

El símbolo y la respuesta.

El Estado asesta un golpe. El crimen organizado contesta con fuego.



Así funciona.

Golpe al mito

La captura del jefe del Cártel de Jalisco Nueva Generación no es cualquier detención. Es un mensaje político, interno y externo. Interno, porque sacude la narrativa de que ciertos capos eran intocables. Externo, porque a meses del Mundial México no puede darse el lujo de proyectar debilidad.

Pero cada detención de alto perfil trae consigo una pregunta incómoda: ¿quién ocupa el vacío?



La fragmentación suele ser más sangrienta que la hegemonía criminal. El precedente del Cártel de Sinaloa ahí está: cuando se divide la cabeza, el cuerpo se convulsiona.

Y esa convulsión rara vez distingue entre objetivos estratégicos y civiles.

Fuego contra el símbolo

Que hayan incendiado sucursales del Banco del Bienestar no es casualidad. No fueron ataques al azar. Fueron dirigidos contra uno de los emblemas sociales de la 4T.



Quemar bancos públicos es quemar narrativa.

El mensaje es simple: “podemos golpear donde más duele”. Farmacias, tiendas de conveniencia, infraestructura pública. Si la estrategia es sembrar miedo colectivo, el libreto está claro.

En Palacio Nacional —donde desde hace semanas se habla de drones no tripulados y coches bomba— el cálculo ya no es político, es de contención.



Porque el narco, cuando pierde poder, busca ganar terror.

El aplauso del norte

Horas después del operativo, el subsecretario de Estado estadounidense Christopher Landau felicitó al Gobierno mexicano.

Nada es gratuito en diplomacia.



Landau supervisó los ajustes recientes en la Guardia Nacional y la Sedena impulsados por Omar García Harfuch. Ajustes que, casualmente, precedieron a la caída del capo.

Cooperación bilateral, le llaman.

Supervisión, dirán los suspicaces.



En política internacional no existen los abrazos desinteresados. Y menos cuando hay Mundial en puerta y elecciones en Estados Unidos a la vista.

Mundial bajo sombra

El oficialismo teme represalias. No lo dicen en voz alta, pero lo piensan. Una escalada contra población civil a meses de que México sea escaparate global sería devastadora.

La ecuación es delicada: éxito táctico puede traducirse en crisis estratégica.



El secretario de Seguridad ahora enfrenta una tarea más compleja que la captura misma: evitar que la caída del líder derive en guerras intestinas, alianzas oportunistas o atentados espectaculares.

Porque el crimen organizado entiende de espectáculo.

Y sabe que el miedo es su mejor campaña.



El dilema presidencial

La presidenta estaba entre simpatizantes cuando recibió la noticia. Sin cerco extraordinario. Sin dramatismo visible.

Eso puede leerse como normalidad institucional.

O como temeridad calculada.



Gobernar en México implica caminar sobre una cuerda floja: mostrar firmeza sin provocar pánico, dar golpes sin detonar incendios mayores, celebrar triunfos sin cantar victoria.

La historia reciente enseña que cada capo detenido es apenas un capítulo.

No el final del libro.



Y ahora el Gobierno enfrenta su prueba más incómoda: demostrar que la caída de un hombre no desatará una guerra contra todos.

Porque si los bancos arden, no solo se quema concreto.

Se quema confianza.



La heredera silenciosa

La caída —y muerte— de Nemesio Oseguera Cervantes no cierra la historia. Apenas la traslada.

En el crimen organizado, como en la política, el vacío no existe. Se ocupa. Y rápido.



Mientras ardían sucursales del Banco del Bienestar y el gobierno medía daños, otro nombre comenzó a circular en los corrillos de inteligencia: Jessica Johanna Oseguera González.

La hija.

Nacida en California en 1987, con estudios en mercadotecnia en el ITESO, empresaria de restaurantes y marca de tequila, Jessica no encaja en el estereotipo clásico del narco.



Pero las organizaciones criminales modernas no se sostienen solo con rifles. Se sostienen con facturas.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos incluyó en su lista negra a empresas como J&P Advertising, Mizu Sushi Lounge, Operadora Los Famosos y la marca Onze Black, señaladas como parte del engranaje financiero del Cártel de Jalisco Nueva Generación.

El músculo armado es visible.



El financiero, no tanto.

Y suele ser más peligroso.

Según investigaciones especializadas, Jessica habría fungido como “carta de seguridad” en acercamientos entre el CJNG y la facción de “Los Chapitos” del Cártel de Sinaloa.



Cuando las balas no alcanzan, negocian los apellidos.

El crimen organizado transnacional ya no es una banda improvisada. Es una estructura empresarial con operadores financieros, mediadores políticos y gestores internacionales.

Jessica fue detenida en 2020 en Washington, se declaró culpable por lavado de dinero y cumplió una sentencia de 30 meses. Recuperó su libertad en 2022.



Treinta meses no desmantelan una red.

Apenas la reacomodan.

Sangre y sucesión

Con la muerte del capo, la pregunta es inevitable: ¿quién hereda?



Su hermano, Rubén Oseguera González, ya fue condenado en Estados Unidos. Otra hermana ha sido señalada en investigaciones.

El núcleo familiar ha sido pieza central en la consolidación del CJNG como organización transnacional. No es una banda improvisada. Es un clan.

Y los clanes no desaparecen con el patriarca.



Se reorganizan.

El riesgo de la fragmentación

Aquí está el verdadero dilema del Estado.

No se trata solo de haber abatido a un líder. Se trata de evitar que la sucesión derive en guerra interna, venganzas cruzadas o alianzas coyunturales que desaten nuevas olas de violencia.



El antecedente del Cártel de Sinaloa tras la captura de sus cabezas es ilustrativo: cuando la estructura se fractura, el territorio arde.

Las sucursales incendiadas del Banco del Bienestar fueron un mensaje.

Pero la verdadera señal será lo que ocurra en las próximas semanas.



Gobierno bajo presión

La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta una ecuación delicada: mostrar control sin que el país perciba desbordamiento.

El Mundial está en el horizonte. La cooperación con Washington es evidente. Y la expectativa ciudadana no admite titubeos.

La muerte de “El Mencho” podría convertirse en un punto de inflexión histórico.



O en el inicio de una nueva etapa más sofisticada del crimen organizado.

Porque si algo ha demostrado el narco mexicano es su capacidad de mutar.

Caen los hombres.



Sobreviven las estructuras.

Y a veces, quienes heredan no portan fusil.

Portan firma.

José Luis Parra

José Luis Parra es un periodista con más de 40 años de experiencia en medios locales y en Notimex. Fundador de SonoraPresente y autor de la columna Bisturí.

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