La percepción de los mexicanos sobre la vigencia de la corrupción en el país en 2025 es prácticamente la misma que prevalecía en 2024, de acuerdo con el índice anual de Transparencia Internacional dado a conocer ayer. Nada cambió para bien en esos 365 días, que caen ya por completo en la cuenta de la presidenta Sheinbaum. El informe de Transparencia Internacional añade, asimismo, una dura afirmación que alcanza a México: el crimen organizado ha infiltrado la política, “afectando la vida de personas”.
Lo que Trump y sus duros repiten semana tras semana y que nuestro gobierno federal insiste en descalificar, pese a la acumulación de evidencias en Tequila, Sinaloa, Guerrero, zonas de Michoacán, Chiapas, Veracruz, Tamaulipas, el huachicol, la extorsión, etcétera. México ocupa el lugar 141 entre las 182 naciones evaluadas. Hace un año ocupaba el 140. En la escala que va de uno el país más corrupto a 100 el menos, México sigue hundido en un desolador 27. En febrero pasado escribí aquí —al conocer el índice de Transparencia Internacional de 2024— que López Obrador se pavoneó con la estafa de haber erradicado la corrupción, cuando en realidad seguía ahí, más grande, más grosera, más grave. Eso fue ayer. La de hoy es la primera marca para la administración Sheinbaum. Primera marca grande.