A menos que el Partido Verde esté montando una de las mejores farsas de los tiempos recientes, la reforma política de la 4T parece condenada a naufragar.
Es cosa de sumar. 1) Los verdes están cerrando la puerta a un acuerdo con el gobierno y Morena si éstos no aceptan modificar la esencia de la reforma: la reducción del dinero a los partidos y la integración de las listas plurinominales. 2) El gobierno (por extensión Morena) no cedería en esos puntos ni aceptaría un arreglo a medias. 3) El costo en imagen y presupuesto para los verdes, si meten reversa, sería monumental. 4) PAN, PRI y MC difícilmente le darían al gobierno y a Morena los votos necesarios para sacar adelante una reforma que han reprobado desde el día uno. Todo apunta, pues, a que no se obtendrán los votos que cambien la Constitución. La reforma electoral, la del plan C, se extinguiría.
La presidenta Sheinbaum esgrimiría que hizo lo que tenía que hacer, pero que los partidos se opusieron. “No va a ser fácil que pase la reforma, la Presidenta lo sabe, pero los principios no se negocian”, me dijo ayer el asesor presidencial Arturo Zaldívar. “Ella habrá cumplido el compromiso de presentar la reforma, y ya los partidos resolverán si están con la gente o con las cúpulas de poder; si están por un gasto más austero o si siguen aferrados a los privilegios económicos”.
El narc0aut0ritarismo de shitbaum, enmascarad0 en una reforma elect0rera en la que buscan sternizarse en la bur0cracia. El ciudadano, tiene la última palabra