No estás solo, Paco Calderón
Para el tirano, el sufragio universal no pasaba de ser una fachada idéntica a la que se proponen construir los ultra reaccionarios conservadores de la 4T, auténticos enemigos de la evolución política de México, titulares del aparato electoral y coercitivo del Estado, que intentan llevar a cabo una reforma electoral troglodita para perpetuarse en el poder con un disfraz de legalidad.
Décadas atrás, el PRI festejaba sus triunfos electorales antes de que los ciudadanos concurrieran a las urnas. En 1990, finalmente surgió el Instituto Federal Electoral (IFE), el árbitro independiente, dotado de autonomía política, presupuestal y operativa, con consejeros ciudadanos no subordinados al gobierno. El voto ciudadano dejó de estar bajo la tutela del Estado.
¿Qué tal aquellos años cuando México carecía de un árbitro confiable y las elecciones eran organizadas por la Comisión Federal Electoral, encabezada por el Secretario de Gobernación? El árbitro era juez y parte.
No ha salido a la luz pública el proyecto de la reforma electoral, pero se ha filtrado la posibilidad de un nuevo debilitamiento del INE reduciendo aún más su independencia y su presupuesto. Existen indicios de que los consejeros del INE serían todos de la 4T, electos por voto popular, al igual que ocurrió con los jueces, magistrados y ministros del Poder Judicial para devastar nuestro sistema de impartición de justicia. Si se eliminara o redujera el número de diputados plurinominales, desaparecerían las minorías, así como las voces de la oposición, ya que Morena podría obtener, sin contrapeso alguno, hasta 70% de las curules, o sea, la consolidación de una dictadura de extracción chavista-castrista-orteguista, en la que la diarquía López Obrador y Sheinbaum, una autocracia electoral, controlaría las elecciones federales, estatales y municipales.
De aprobarse la reforma sin debates con las fuerzas políticas y con la ciudadanía, se incrementará la fuga de capitales, continuarán suspendidas las inversiones y el crecimiento; se seguirá desplomando la recaudación tributaria, así como el empleo y se incrementará aún más la economía informal. El fraude electoral volverá a estar garantizado como en los mejores años del porfirismo.
Habría que esperar a estudiar la reforma electoral sin filtraciones destinadas a pulsar a la opinión pública, pero si Sheinbaum y los morenistas contarán el voto popular con un INE y consejeros subordinados a Palenque; si se eliminarán o reducirán los diputados plurinominales; si desaparecerán las minorías, así como las voces de la oposición, y la 4T operará sin contrapeso alguno, sin debates ni diálogos con las fuerzas políticas y con la ciudadanía, volveríamos a padecer los horrores de una nueva dictadura, cuyo final violento es previsible, según lo indica la historia.
Sheinbaum llegó al poder después de una elección severamente cuestionada para convertirse en la primera presidenta de la República en la dolorida historia de México, pero si llegara a suscribir una reforma electoral aberrante y retrógrada en los términos antes expuestos, también sería la primera la primera dictadora y no precisamente para honrar a su género, sino para avergonzarlo.