La salida de Adán Augusto López de la coordinación de Morena en el Senado no es un simple relevo; es una cirugía de emergencia en el corazón legislativo de la 4T. Mover al tabasqueño era una decisión que se había demorado peligrosamente. Su permanencia en la posición más estratégica del Congreso se había vuelto insostenible bajo la premisa de “cero impunidad” que la presidenta Claudia Sheinbaum intenta grabar, con muchas dificultades, en la narrativa de su gobierno.
El costo reputacional del “caso Tabasco” pesaba demasiado en el ánimo presidencial. La sombra de Hernán Bermúdez Requena -el exjefe de seguridad de Adán en el estado, investigado y señalado por liderar presuntamente al grupo criminal La Barredora– perseguía al senador como un fantasma desde el año pasado. No se trataba solo de un mal nombramiento, sino de una contradicción permanente: imposible sostener un discurso de pacificación mientras el líder de la mayoría senatorial cargaba con semejante expediente. Pero no fue solo su pasado lo que lo condenó, sino su ineficacia en el presente.
Adán Augusto mantenía la gobernabilidad legislativa con alfileres. Ya no era el operador infalible y temido de antes, se había convertido en un “agente contaminante” en cada mesa de negociación. Su estilo, que funcionó en otro tiempo, ya generaba más fricciones que acuerdos. Se le rebelaron los aliados: el Partido del Trabajo y el Verde Ecologista, que olieron su debilidad y complicaron votaciones. La agenda se le resbalaba entre las manos. Para un gobierno que enfrenta un paquete prioritario de reformas constitucionales, sostener a un coordinador que abría más frentes de los que cerraba era un costo que Palacio Nacional ya no podía -ni quería- pagar.
A este desgaste se sumó la frivolidad de Adán, un pecado que suele pagarse caro cuando no hay resultados. La falta de transparencia y el manejo desaseado de los recursos de la bancada generaron ruido innecesario, cosa que coronó la polémica compra masiva y el reparto del libro Grandeza, del expresidente López Obrador. Aquel gesto, que pretendía ser una muestra de lealtad, se leyó como una maniobra muy del estilo priista, burda y anacrónica. El operador estrella se convirtió en el problema principal.
Adán sobrevivió el arranque del sexenio gracias al blindaje del “pacto” sucesorio tras la elección interna de Morena. Removerlo antes hubiera sido interpretado como una declaración de guerra interna y una ruptura prematura de los equilibrios generados por AMLO. Hoy, la narrativa oficial disfraza su salida como una “necesidad organizativa” rumbo a las elecciones intermedias de 2027, devolviéndolo al trabajo territorial.
El relevo tiene nombre y un estilo opuesto: Ignacio Mier. Su llegada a la coordinación mueve el centro de mando y cambia la llave de los tiempos parlamentarios. Mier sabe negociar, aunque su historial no es una garantía de éxito, pero su perfil encaja mucho mejor con la necesidad de la Presidenta.
El cuello de botella no es la oposición, sino la fricción interna en el bloque Morena-Verde-PT. Los intereses de los aliados chocan frontalmente con el diseño de la reforma electoral que impulsa el Ejecutivo. Se entiende: se están defendiendo de la muerte. En este escenario, donde sus incentivos de supervivencia chocan con la austeridad republicana, el cambio de interlocutor es oxígeno puro. Mier tiene la oportunidad -y la obligación- de recomponer una mayoría calificada que Adán dejó fracturada y dolida.
El efecto del relevo será inmediato: se descontaminarán las negociaciones. Con este movimiento, Claudia Sheinbaum ha puesto, finalmente, las dos manos sobre el volante. Ha ganado margen de maniobra para ordenar sus prioridades, liberándose, aunque sea un poco, de la hipoteca de los compromisos que heredó del sexenio anterior.
Pronto veremos si se nota la mano de Mier. La prueba de fuego será la reforma electoral: si avanza hacia una propuesta recortada y negociada con el Verde y el PT, o si se queda en la congeladora legislativa. Si la versión final es “descafeinada”, se confirmará que después de fallar con el rudo, la Presidenta eligió apostar todo por el técnico.