Con muy “mala leche” -podríamos decir que con “mala entraña”- algunos pocos medios de comunicación difundieron una presunta lista de prominentes mexicanos cuyos nombres aparecen en algunos archivos del multimillonario Jeffrey Epstein, acusado de abusar sexualmente a jóvenes menores de edad en fiestas privadas a las que invitaba a personalidades del mundo político, financiero e intelectual.
La insana intención de difundir las identidades de esos mexicanos era “exhibirlos” para que sus nombres -junto al infame apellido- acabaran por concluir que ellos, los prominentes mexicanos, eran parte del “Clan Epstein”. Nada más falso.
Los nombres de esos mexicanos extraídos de 3 millones de archivos liberados por el Departamento de Justicia norteamericano provienen de listas de invitados a reuniones o cenas de negocios en las que el multimillonario Jeffrey Epstein buscaba atraer capital azteca a sus fondos de inversión. En esos cónclaves de negocios los reunía con otros de sus prominentes amigos multimillonarios -de Washington, Silicon Valley o de Wall Street- e incluso con reconocidos intelectuales. El multimillonario los bautizaba como “Los Illuminati”, es decir, lo que marcan las reglas del juego en cada nación.
En esa lista de mexicanos prominentes se encontraban nombres de políticos como Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Enrique Peña Nieto y Jaime Serra; empresarios como Carlos Slim, Ricardo Salinas Pliego, María Asunción Aramburuzabala, Lorenzo Zambrano y Antonio Madero, así como personalidades del mundo de los medios de comunicación e intelectuales, como Alejandro Junco, Enrique Krauze, Paula Cusi, Luis Rubio y Carlos Heredia.
En ninguno de los relevantes personajes citados se establece vinculación personal alguna con Jeffrey Epstein, más allá de invitaciones a reuniones de negocios en algunas de las que también participaban personajes como Mark Zuckerberg, Bill Gates, Nick Pritzker, Elon Musk y Jeff Bezos.
Las autoridades de la justicia norteamericana han dejado en claro que, entre las personalidades mexicanas, no existen evidencias de ilícitos, conductas fuera de lugar o complicidades, como las que se les vienen fincando a algunas prominentes personalidades como Bill Clinton, Bill Gates, el Príncipe Andrés e incluso Donald Trump.
Pero los odios de algunos personajes del gobierno de la Cuarta Transformación están apadrinando la propagación financiada en redes sociales de los nombres de esos prominentes mexicanos. Intentan desacreditarlos por figurar en simples listas de potenciales invitados a cenas en Washington o Nueva York. Sobre todo, cuando algunos de esos nombres son figuras que comienzan a adquirir una enorme relevancia política y financiera rumbo al 2030, como es el caso de Ricardo Salinas Pliego, quien acaba de zanjar sus diferencias fiscales con el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y tiene un horizonte abierto para aglutinar a la oposición.
Incluso, se dio el absurdo caso de que un medio de comunicación -de los que son identificados con “la derecha”- difundió en sus redes sociales los nombres de los mexicanos citados en los archivos de Epstein, bajo el sesgado título de “Mencionan Archivos Epstein a Salinas Pliego”. Pero cuando se dieron cuenta de que el nombre del propietario de ese medio también aparecía en la lista de los mexicanos invitados a las reuniones de Epstein, la nota fue excluida de las redes y nada se publicó al respecto en sus medios impresos. Por supuesto, el nombre de ese dueño nunca fue incluido en las listas publicadas por sus redes sociales.
El juego sucio de la descalificación por desprestigio será uno de los factores de los que más se abusará, conforme se acerquen las contiendas electorales del 2027 y del 2030. Es un camino fácil que, como sabiamente decía en sus mañaneras el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, difama que al final, aunque aquello no sea cierto, alguna mancha se queda.
En el caso de los prominentes mexicanos extraídos no existe evidencia alguna de mal comportamiento. Aquello no va más allá de la tentación de que el multimillonario inversionista que dicen que “se suicidó” en agosto de 2019 buscaba sus capitales o pactar negocios comunes con sus pares mexicanos. Nada más. Que nadie se emocione con las descalificaciones fuera de lugar.