Hace exactamente un siglo, Manuel Gómez Morin publicó el libro 1915. Era un llamado a su propia generación a seguir porfiando en la reconstrucción de México. Se titulaba así porque para aquellos jóvenes que, siendo estudiantes, habían vivido como espectadores inermes e impotentes, temerosos y esperanzados, los tiempos más oscuros de la guerra civil, 1915 había sido también un año de revelaciones: existía un México nuevo, más consciente de sí mismo y de sus necesidades sociales. Había que dedicar la vida a servirlo.
En más de una ocasión he recordado el origen del libro: la mañana del 30 de septiembre de 1970, en su despacho de la Torre Latinoamericana, don Daniel Cosío Villegas me sugirió estudiar a los intelectuales de su injustamente olvidada “generación de 1915”. “Nuestra vocación -agregó don Daniel- era hacer algo por México”. No necesitó decirme más. Así empezó la travesía en la que tuve el privilegio de conversar con él en innumerables e imborrables ocasiones.
El libro narra el nacimiento de algunas de esas instituciones. En particular, el Banco de México, el Banco Nacional de Crédito Agrícola, el embrión del Seguro Social, todas obras de Gómez Morin quien, además, en 1933, siendo rector, salvó a la Universidad Nacional de la amenaza gubernamental de liquidarla. Por lo que hace a Vicente Lombardo Toledano, además de su trabajo como principal ideólogo del socialismo en México, refiero su labor como fundador de instituciones sindicales de primera importancia. Siempre se respetaron aquellos dos viejos amigos: al morir Lombardo Toledano en 1968, la primera guardia la hizo Gómez Morin.
Pero la violencia ha vuelto a adueñarse de nuestro México y no se ve en el horizonte una disposición del régimen a enfrentarla como debería: propiciando la unión, la convivencia, la tolerancia, la concordia. Se han destruido las instituciones republicanas centenarias junto con muchas de las obras de aquella generación. Vivimos sumidos en la zozobra… como en 1915. Una carta de Gómez Morin destinada a la posteridad ha vuelto a caracterizarnos: “Mi México, mi pobre México”.
Así podríamos levantar ahora nuestra indignación, con idénticas palabras: “Nuestro México, nuestro pobre México”.Pero quizá en la joven generación esté ya el atisbo de mujeres y hombres honestos y creadores que tomarán el destino de nuestro país y nos conducirán a un nuevo día en el que se mitigue el dolor, se apague la violencia, imperen el amor a la cultura y la solvencia técnica para construir instituciones públicas y privadas como las que nos legaron aquellos jóvenes de la generación de 1915 que quisieron “hacer algo por México”, aquellos caudillos culturales en la Revolución mexicana.
* El Colegio Nacional ha reeditado Caudillos culturales en la Revolución mexicana como primer tomo de mis obras reunidas. Este martes a las 6:00 de la tarde lo presentamos Enrique Serna, Jesús Silva-Herzog Márquez, Christopher Domínguez Michael y yo, en la sede de El Colegio Nacional.