El general secretario Ricardo Trevilla hizo una pausa. Su voz se había entrecortado cuando daba el pésame “por nuestros compañeros que perdieron la vida” y ejercía su derecho al dolor. Era el soldado que, tras de describir el operativo de captura del Mencho, reportaba el saldo de 25 guardias nacionales y dos servidores públicos caídos. El general —que conoce como pocos qué significa enfrentar a los criminales— intentó iniciar la siguiente frase. No pudo. Entonces apresuró el final. Levantó la voz para reconocer a “nuestro personal militar que realizó una operación exitosa, porque se puede ver desde muchas ópticas, pero es definitivo que cumplieron su misión”. Y con tono más alto, concluyó: “¿Qué es lo que se demostró? ¡La fortaleza del Estado mexicano, de eso no hay duda!”. Fue también el remate a lo iniciado minutos antes por la presidenta Sheinbaum, quien expresó que “el pueblo de México debe sentirse muy orgulloso de sus Fuerzas Armadas y el gabinete de seguridad”. Quizá no se necesite agregar nada. El gobierno mexicano demuestra que ha cancelado los funestos años en que se abandonó a millones de personas en manos de los menchos. El conmovido general Trevilla encumbró ayer esta nueva fase de fortaleza, seguramente sin sentir vergüenza de sus lágrimas. Ni, por supuesto, de las operaciones exitosas.
Columna invitada