La expulsión de Adán Augusto López de la coordinación de Morena en el Senado es el principio del “destete”. Por decisión propia o por presiones desde Washington, la presidenta Claudia Sheinbaum está tomando ya la distancia necesaria para “destetarse” de su antecesor Andrés Manuel López Obrador.
Y lo que complementará ese primer destete será una sacudida doble. Por un lado, se espera la salida de Andy López Beltrán de la Secretaría de Organización de Morena y, por el otro, la salida de Rafael Marín Mollinedo de la Agencia Nacional de Aduanas. Pero analicemos las formas para intentar entender el fondo de este “destete”.
Aunque era un reclamo a gritos, pocos veían venir la salida de Adán Augusto López de la jefatura morenista en la Cámara Alta. Sobre todo, después de que operó de manera violenta la salida de Alejandro Gertz Manero de la Fiscalía General de la República, colocando a la inquilina de Palacio Nacional contra la pared, sin cuidar las formas.
Pero algo debió suceder tras la llamada entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el presidente Donald Trump, que se activaron distintas alarmas cuyas consecuencias iremos viendo en el futuro inmediato.
Lo que se da por cierto es que Andy López Beltrán y Jesús Ramírez se trasladaron este fin de semana hasta Palenque para sostener una encerrona con Andrés Manuel López Obrador. Más que discutir la eventual salida de Adán Augusto López como jefe morenista en el Senado, Andy acudió con su papá -con quien estaba distanciado- para solicitarle ayuda porque le estaban pidiendo que dejara la Secretaría de Organización de Morena. El papel de Jesús Ramírez como edecán de Andy fue para facilitar el diálogo entre el padre y el hijo, que estaba roto desde fin de año, cuando el junior osó reclamarle al ex presidente su torpeza por dejar a Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional. “No nos cuida, tampoco nos defiende y podría entregarnos”.
Pero, en esa plática del pasado sábado, también se trató el tema de la salida de Aduanas de Rafael Marín Mollinedo, el primo de Nicolás Mollinedo Bastar, el eterno chofer de Andrés Manuel López Obrador. El tema de las aduanas mexicanas sí es un asunto de extrema prioridad para los norteamericanos y se exigió que la dependencia fuera puesta en manos de un colaborador de todas las confianzas de Omar García Harfuch. Y vestirán la salida de Rafael Marín Mollinedo con su designación como Delegado del Bienestar en Quintana Roo, en donde el susodicho aspira a ser el candidato de Morena a gobernador, para relevar a Mara Lezama.
En ese contexto es el que hay que analizar la salida de Adán Augusto López, el tabasqueño que, de la mano de su amigo Andrés Manuel López Obrador, alcanzó el poder de un “vicepresidente”, tanto en el sexenio anterior como en el actual. Operaba siempre bajo sus reglas y las que se le marcaban desde Palenque, pasando por encima de la voluntad de la inquilina de Palacio Nacional.
Su cinismo y sus desplantes de poder alcanzaron las excentricidades de regalarle una jirafa a su compañera de bancada, la senadora Andrea Chávez, a quien le prometió llevarla a la gubernatura de Chihuahua. El modus operandi de Adán Augusto López, al frente del Senado, siempre fue el de un “padrino” al que todos acudían a solicitar favores, contratos y recomendaciones para operar en todas las dependencias del Gobierno Federal.
Sus excesos en el manejo de los dineros públicos y sus desplantes de prepotencia convirtieron a Adán Augusto López en uno de los personajes más deplorables e insostenibles dentro de Morena, sobre todo, después de que se evidenciaron sus oscuros vínculos con el cártel de “La Barredora”, creado y operado por su subalterno Hernán Bermúdez Requena, hoy preso en el Penal de Alta Seguridad del Altiplano y cuya investigación permanece congelada desde que fue trasladado desde su escondite en Paraguay hasta México.
La prepotencia política del ex gobernador de Tabasco tenía su epicentro en la fuerza que siempre le dio su amigo y cómplice, Andrés Manuel López Obrador, de quien presumía que era su operador principal aún en este primer año de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. El episodio de la renuncia forzada del fiscal Alejandro Gertz Manero fue la mejor prueba de que, desde Palenque, se deciden -todavía hoy- vidas y destinos de la clase política gobernante, por encima de la inquilina de Palacio Nacional.
Pero está claro que algo se desbordó o que alguien, desde Washington, exigió limpiar la casa. Se hizo con los cambios en la Secretaría de la Defensa, en la Secretaría de Marina, ahora en los liderazgos clave de Morena y muy pronto en Aduanas. La súbita salida de Adán Augusto López marca un primer gran quiebre a cielo abierto entre Palacio Nacional y Palenque. Y si se confirman en los próximos días las remociones de Andy López Beltrán y Rafael Marín Mollinedo, estaremos en la antesala de que la presidenta Claudia Sheinbaum -ahora sí- se asuma para lo que fue electa.
Pregunta curiosa: a pesar de que el edecán Jesús Ramírez acompañó a Andy López Beltrán a Palenque, ¿continuará como el supuesto jefe de asesores que es, manejando la torpe comunicación en la que tienen instalada a la inquilina de Palacio Nacional?