Tres veces le pregunté ayer a Adán Augusto López sí recibió indicaciones de la presidenta Sheinbaum de dejar la coordinación de los senadores de Morena. Tres veces respondió: “No, de ninguna manera; son falsas esas versiones, es una decisión absolutamente personal que vine meditando, revisando, y que tomé porque yo he sido siempre una persona del movimiento y, cuando me pongo a operar, a hacer trabajo de territorio, generalmente lo hago de tiempo completo”. Más tarde, la Presidenta reafirmó que se trató de una decisión tomada por él mismo, y que Morena lo invitó a trabajar en el movimiento y desde ahí ayudará. Aquí debería ponerse punto final al episodio. Dudo que así ocurra. Los relatos y supuestos de cómo ella lo forzó o lo echó a patadas, o sobre cómo él y su grupo –Palenque– impusieron la maniobra para cercarla en la designación de candidaturas de 2027, bla, bla, están en su apogeo. Desconozco si Adán y Sheinbaum mienten de forma acompasada. Sé que es la versión oficial que comparten y que Adán se marcha con el argumento de que “puedo ayudar más desde ahí”, y lo hace asegurando que no tuvo tiempo ni oportunidad para comunicárselo a la Presidenta. Seguirá siendo senador y, no dentro de mucho, se verá qué tanto juego le dieron en Morena: abundante, poco, nada. Por lo pronto, sigue vivo.
Columna invitada