Columna Bisturí

¿Dónde está el líder?

Bisturí

El sistema político mexicano está en decadencia. No es exageración, es diagnóstico. Por todos los flancos se cuelan casos de impunidad cargados con una fuerte dosis de cinismo. Y lo más grave no es la corrupción en sí —esa ha sido una constante histórica— sino la normalización del abuso y la indiferencia institucional.

¿Y quién intenta remediar la situación?

Nadie.



Desde el poder se construyó una narrativa cómoda: el pueblo es ignorante, apático, manipulable. Que no entiende. Que no lee. Que no le importa. Que mientras reciba una dádiva seguirá aplaudiendo.

Pero están equivocados.

El pueblo está harto.



Lo que no sabe es cómo proceder.

Porque una cosa es el enojo y otra muy distinta la organización. Una cosa es el hartazgo y otra el liderazgo. México hoy parece un cuerpo enfermo, en estado terminal, donde el cáncer no sólo hizo metástasis: también se volvió parte del paisaje. Y cuando la enfermedad se normaliza, el paciente deja de luchar.

Quizá por falta de un auténtico líder.



Quizá porque la oposición decidió convertirse en comentarista de la tragedia en lugar de protagonista del cambio. Ya lo vimos cuando, frente a la posibilidad de un cambio de régimen con reformas constitucionales en cascada, su margen de maniobra fue testimonial . Mucho discurso, poca estrategia.

Quizá porque el poder está demasiado ocupado acumulando riquezas, asegurando impunidad transexenal, blindando reformas y repartiendo cuotas.

Quizá porque algunos opositores descubrieron que en el río revuelto también hay ganancias. Y no pocas.



El problema no es que México carezca de talento político. El problema es que el talento se administra con calculadora, no con convicción. Se negocia el silencio, se dosifica la indignación y se capitaliza la crisis.

Mientras tanto, el ciudadano observa. Calla. Aguanta.

Y a veces, simplemente se resigna.



La violencia sigue cobrando vidas con o sin pruebas . La realidad sangra aunque la narrativa oficial pida evidencia. El país no necesita más comunicados; necesita conducción. Necesita autoridad moral, no solo autoridad formal.

Porque gobernar no es administrar conflictos internos de partido ni diseñar campañas eternas y aburridas . Gobernar es asumir costos. Es incomodar a los propios. Es poner orden aunque duela.

Hoy el poder luce apático en su afán de acumular.
La oposición luce apática porque no sabe —o no quiere— arriesgar lo poco que le queda.



Y en medio, una sociedad que ya perdió el miedo… pero no ha encontrado dirección.

México requiere un líder.

Pero no un líder de marketing.
No un influencer con cargo público.
No un operador de facciones.



Requiere un líder de verdad.

Uno que entienda que el poder no es botín, sino responsabilidad. Que comprenda que la historia siempre juzga —y no suele absolver a los tibios.

La pregunta no es si ese líder existe.



La pregunta es:
¿Dónde está?

José Luis Parra

José Luis Parra es un periodista con más de 40 años de experiencia en medios locales y en Notimex. Fundador de SonoraPresente y autor de la columna Bisturí.

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