Columna invitada

Dolor en el bolsillo

No nos dolió el bolsillo cuando nos robaron el país ni en el trágico momento en que, ante nuestra indigerible pasividad, desaparecieron las instituciones republicanas, así como los organismos autónomos garantes de nuestra democracia y exterminaron el Estado para instalar una oprobiosa dictadura al comprar la voluntad electoral de la nación con el presupuesto público. Tampoco nos dolió cuando contrataron una deuda pública monstruosa e hipotecaron el futuro de nuestros hijos, embruteciéndolos, además, en las escuelas, ni cuando diezmaron el número de patrones, expandieron la pobreza, nos dividieron socialmente y nos arrancaron las costras, de manera que no cicatrizaran las heridas de nuestra historia. Ahí estábamos, mudos y apáticos, como si México no fuera nuestro cuando despertaron los viejos rencores, castraron la libertad de expresión, extinguieron la separación de poderes y destruyeron los sistemas de seguridad, de salud y de educación. Solo el pueblo mexicano, “bueno y sabio”, ha votado a favor de la cancelación de sus libertades.

¿Esperamos a que nos vuelva a doler el bolsillo con una espiral inflacionaria del 170% como las que hemos padecido, otra voluminosa hemorragia de capitales, una brutal parálisis económica, una crisis social para reaccionar ante la dolosa destrucción de todo lo nuestro? Ya deberíamos saber que donde hay un dictador, hay un bandido acompañado de una pandilla de rufianes amantes de lo ajeno. Si la solución para generar riqueza fuera regalarle al pueblo sus ahorros, todos los países del mundo seguirían el catastrófico ejemplo mexicano. ¿Cómo repartir la riqueza sin una estrategia para reponerla?

Como no nos dolía el bolsillo, 40 millones de electores se abstuvieron de protestar en las urnas, al igual que guardaron silencio los representantes de las cámaras de industria, de comercio, de transformación, de radio y televisión, así como los consejos empresariales, los sindicatos las universidades, el antiguo Poder Judicial hoy integrado por burros togados, además de una sociedad sin medicamentos, extorsionada por los cobros de piso impuestos por el hampa y enlutada por los cientos de miles de homicidios dolosos y desaparecidos.



Una manera de demostrar nuestra pasividad histórica consiste en recordar a Cortés instalado cómodamente durante 235 días en Tenochtitlán, invitado por Moctezuma, sin que éste ordenara sacrificarlo y desollarlo, para ya ni hablar de los 300 años interminables del virreinato con escasas y frustrantes protestas sociales o cuando el propio Hidalgo convocó a la independencia solo porque Napoleón había invadido España. ¿Qué tal cuando Santa Anna ocupó 7 veces la presidencia de la República, sobre todo, después de haber perdido la guerra en contra de EU? ¿Cómo olvidar que la intervención francesa concluyó porque Napoleón III tuvo que repatriar sus tropas ante el estallido de la guerra franco-alemana? Más tarde padecimos la dictadura porfirista, la diarquía Obregón-Calles y 70 años de “Dictadura Perfecta” y ahora, una nueva diarquía López-Sheinbaum… ¡Claro que hubo una guerra de Independencia, una guerra de Reforma, una Revolución y una rebelión cristera! ¿Necesitamos recurrir otra vez a la violencia?

Si hoy en día no se ha desbordado la inconformidad mayoritaria, es porque millones de familias son sobornadas con los llamados programas asistenciales, sin embargo, desconocen la posibilidad real de una quiebra del gobierno. ¿Razones?

Si Standard & Poor’s, Moody’s y Fitch nos retirara la calificación crediticia ante el estancamiento económico, la ausencia de certeza jurídica, el escandaloso endeudamiento público, la ausencia de una reforma fiscal, la insolvencia del gobierno, la contracción de la inversión extranjera y la disminución de las remesas, la pérdida del grado de inversión depreciaría el peso, provocaría la fuga de miles de millones de dólares, se dispararía la inflación, aumentaría la informalidad y padeceríamos, entre otros daños, despidos masivos.



¿Es necesaria una nueva hecatombe monetaria para que la nación y los beneficiarios de los programas asistenciales se percaten del elevado precio de su pasividad? Nos volvemos a tropezar una y mil veces con la misma piedra. ¿No aprendimos nada de la historia? ¿Es imperativo otro tremendo dolor en el bolsillo para reaccionar antes de volver a despertar al México bronco?

0 comentarios

De Hermosillo, Sonora

Para todo el mundo.

Edición: 

Online desde el 2010

© Copyright 2024 SonoraPresente | Todos los derechos reservados. Nuestra información está siempre verificada y nos esforzamos por otorgar el debido crédito a la fuente original.

Si usted quiere hacer una reclamación o solicitar bajar un contenido, haga clic aquí para iniciar el procedimiento.

SonoraPresente

Hermosillo, Sonora, México.

© Copyright 2024 SonoraPresente
Todos los derechos reservados. Nuestra información está siempre verificada y nos esforzamos por otorgar el debido crédito a la fuente original.

Si desea presentar una reclamación o solicitar la eliminación de contenido, haga clic aquí para comenzar el proceso.

Registration

Forgotten Password?