¡Menudo premio el que Adán Augusto López Hernández dejara la coordinación de Morena en el Senado para irse a Portugal como embajador de México!
No es que Adán Augusto López necesariamente se vaya a Portugal; es que el sistema ya ensaya la idea de que podría irse. La versión no nace de una designación ni de un comunicado —nada tan burdo—, sino del murmullo funcional con el que el poder administra sus estorbos: filtrar destinos improbables, embajadas decorativas, exilios de terciopelo. Portugal no opera aquí como país, sino como concepto. Un lugar lo suficientemente lejos para desaparecer del ruido, lo suficientemente elegante para no admitir destierro, y lo bastante ambiguo para que nadie tenga que confirmar nada. En la política del régimen, cuando un nombre empieza a circular como rumor diplomático, no es porque vaya a representar al país, sino porque dejó de representar una ventaja.
Dormirá tranquilo. No importa que en la Fiscalía General de la República existan decenas de carpetas de investigación abiertas en las que aparece su nombre, ya sea por adjudicaciones, conflictos de interés, manejo opaco de recursos o relaciones políticas con narcos que nunca fueron aclaradas del todo. No importa que su notaría haya sido señalada por irregularidades administrativas ni que su paso por el gobierno de Tabasco esté rodeado de preguntas que el Estado decidió no formular en voz alta.
Tampoco parece importar que Hernán Bermúdez Requena, su secretario de Seguridad cuando gobernó Tabasco, haya sido identificado como líder de La Barredora, un grupo criminal que operó con holgura durante ese periodo. En la 4T, la responsabilidad política no es causal de nada: ni de investigación ni de sanción, ni siquiera de incomodidad pública.
Pero no nos engañemos. Las embajadas no son un error del sistema: son una de sus funciones más antiguas. Sirven para premiar lealtades, enfriar conflictos internos y sacar del tablero nacional a personajes que dejaron de ser útiles —o que empezaron a ser peligrosos—. Antes fue una práctica del viejo PRI; hoy es una herramienta plenamente integrada al manual de la 4T.
En ese caso, la pregunta sería no si Portugal “merece” a Adán Augusto como embajador, sino otra: ¿Portugal sería un destino diplomático… o un dispositivo de contención?
De acuerdo con informes recientes de Europol y de la Agencia Antidroga de la Unión Europea (EUDA), Portugal se ha convertido en un punto estratégico para el tráfico de cocaína hacia Europa, por su ubicación atlántica y su infraestructura portuaria. También es uno de los países con mayor cooperación policial internacional y con agencias particularmente activas contra redes de narcotráfico.
Por eso, cualquier funcionario extranjero con antecedentes políticamente sensibles resulta, cuando menos, un perfil incómodo. No por lo que esté probado judicialmente —que no lo está—, sino por todo lo que sistemáticamente se evitó investigar.
Entonces surge la duda inevitable:
¿Quién habría negociado el traslado?
¿El “hermano” en Palenque?
¿El “sobrino” político en Morena?
¿O habría sido el propio Adán Augusto quien entendió que era momento de llevar sus intereses a una escala internacional, lejos del escrutinio doméstico y del ruido legislativo?
De ser el caso, habría una hipótesis adicional más inquietante todavía. Que este aparente nombramiento sea parte de un acuerdo tácito con la presidenta Claudia Sheinbaum. Sacarlo del Senado lo desactiva como operador nacional, evita que recorra el país, que rearticule estructuras y que juegue —desde dentro— rumbo a 2027, revocación incluida. En política, el exilio dorado suele ser más eficaz que la confrontación abierta.
Y, según versiones persistentes dentro del propio oficialismo, Adán Augusto no se va solo con maletas diplomáticas. Se iría con la promesa de una candidatura: Chihuahua, para su senadora favorita. ¿Será esa la moneda de cambio? No sería novedoso. En México, las embajadas y las gubernaturas suelen cotizarse en el mismo mercado.
Mientras tanto, este fin de semana, durante su gira por Baja California, Claudia Sheinbaum reprendió públicamente a políticos y funcionarios de la 4T. Les pidió trabajar, dejar la grilla, no enchinchar ni calentar bancas. El gesto fue celebrado.
Lástima que ese tono no se haya usado con Adán Augusto. Mandarlo a Portugal no sería disciplina, sino blindaje. Y la percepción empeorará si las carpetas de investigación se archivan, si Chihuahua se confirma como botín político y si la representación de México en Lisboa termina funcionando como paraguas para intereses privados.
Cambió el fuero de senador por el estatus de embajador.
La impunidad, como el poder, también sabe mudarse de continente.
Giro de la Perinola
Portugal tiene tratado de extradición con Estados Unidos. En casos de narcotráfico y terrorismo, los procedimientos son expeditos y no reconocen cargos diplomáticos como escudo automático.
Conviene recordarlo.
Sobre todo, cuando los premios políticos se confunden con refugios.
Portugal dara beneplacito para que embajador adancito, con el historial de bandido.