1. El 25 de octubre de 1983, Estados Unidos invadió la isla de Granada, país caribeño más pequeño que Cozumel, porque consideraba que el gobierno del socialista Maurice Bishop, apoyado por el gobierno cubano de Fidel Castro, amenazaba a Washington. Bishop fue depuesto por ultraizquierdistas de su propio partido el 19 octubre de 1983. Estados Unidos aprovechó la fisura e invadió la isla pero la operación tuvo resistencia de albañiles y soldados cubanos que construían un aeropuerto. Murió una veintena de marines estadounidenses y hubo una centena de heridos. Cayeron 25 cubanos y 59 más heridos.
“Nos batimos ahí contra los aviones que estaban ametrallándonos. A pesar de que nuestro armamento era más pequeño no dejamos de pelear, nos enfrentamos. Tengo mi preparación y sé cómo combatir, pero eran superiores a nosotros”, relató a la prensa cubana el primer oficial, Yohandris Varona Torres, originario de Camagüey, Cuba, y sobreviviente de los acontecimientos del 3 de enero. Varona -quien tenía apenas 2 meses y seis días custodiando a Maduro- rescató los cuerpos de sus compañeros. “Los vi caer a todos y a todos los cargué. Allí no hubo apoyo de nadie para eso, pero ningún cuerpo quedó en el campo”.
3. Más allá del diferendo público entre el presidente Donald Trump y la presidenta Claudia Sheinbaum de que no trataron en su reciente llamada telefónica el tema de Cuba, el hecho es claro: EU emplazó a México a cambiar su trato con el régimen que encabeza Miguel Díaz-Canel.
El gobierno cubano tuvo 47 años de relación privilegiada con administraciones priistas. Fue una relación de mutua conveniencia. Cuba se amparó en México para sobrevivir y los gobiernos mexicanos usaron a Cuba como contrapeso en la relación bilateral con EU. Cuba siempre estuvo agradecida y en deuda con los gobiernos del PRI.
En el caso de la 4T, los gobernantes mexicanos sienten que ellos tienen deuda con Cuba dado el apoyo cubano a la época de oposición de la izquierda. Y no han encontrado tiempo para pagarla.
4. La crisis cubana no se resuelve con una asonada armada o una invasión externa. No es descabellado que fuerzas de ambos gobiernos (Washington y La Habana) quieran la salida bélica. Sería lo peor. En Cuba no habrá las fisuras internas de Granada o Venezuela y habrá resistencia en una guerra asimétrica.
Lo que asoma es la negociación. Trump pretende hacerlo a su modo: la sumisión sobre hechos consumados. No será tampoco la primera vez que ambas naciones hablan y pactan. Esa es su historia secreta. El tema tiene que ver con las repercusiones mexicanas.
5. El gobierno mexicano debe apostar a incidir en la reconciliación cubana. Miles de familias han sido divididas no desde el inicio de la Revolución hace seis décadas sino en este siglo, de manera reciente.
Son cubanos formados en el régimen castrista, con educación solvente, creativos y valiosos pero descontentos con su gobierno. Parte de su familia vive en Cuba aún y no desean un sufrimiento mayor. Son pieza clave en una reconciliación democrática.
También México debe poner pautas para una migración ordenada y segura y, desde luego, propiciar asistencia económica y social para la isla. Lo urgente es aislar en la región la salida bélica y el desastre humanitario.
Lo escencial es que Cuba deje su ineficaz modelo economico y que adopte un capitalismo de estado para que resurja su economia.